78/52 recuerda como, a principios de los sesenta, Alfred Hitchcock dejó que la protagonista de su nueva película muriese pasados apenas cuarenta minutos de película, en una escena que iba a poner patas arriba el cine. Alexandre O. Philippe, un cinéfilo irredento, disecciona aquellos 52 planos de Psycho, que supusieron un golpe de efecto narrativo y un elogio a la brutalidad hecha sugerencia.

Mejor Documental en el Festival de Cine Fantástico de Sitges 2017

  • IMDb Rating: 7,4
  • RottenTomatoes: 89%

Película / Subtítulos

 

¿Sabían que la pelea de Jake LaMotta con Sugar Ray Robinson en Raging Bull, fue copiada toma por toma de la escena de la ducha de Psicosis? Scorsese lo cuenta. Seguro escucharon que el ruido del cuchillo penetrando en el cuerpo de esa mujer indefensa lo grabaron apuñalando melones -un melón chino-, ¿pero que la sangre, vista en blanco y negro, era jarabe de chocolate Hershey’s? ¿Y que Alfred Hitchcock no utilizó una toma en la que se ve más que lo que se sugiere del cuerpo desnudo del personaje asesinado?

“La muerte de una hermosa mujer es, incuestionablemente, el tema más poético del mundo”. Edgar Allan Poe, es la cita que eligió Alexandre O. Philippe (The Peolple vs. George Lucas) para abrir su documental 78/52, acertadamente rodado también en blanco y negro, una cita de honor para todo cinéfilo y también para quienes deseen conocer el detrás de la cortina de esa escena.

La histórica, mítica escena de Psycho (1960), de Alfred Hitchcock, cambió para siempre no sólo la manera de contar en el cine. Abrió análisis sobre el rol indefenso de la mujer y fue copiada, robada y homenajeada en miles de películas. Fueron 78 tomas o planos y 52 cortes para una escena de tan sólo 45 segundos, que demandó siete días de rodaje, entre el de 17 y el 23 de diciembre de 1959.

Lo que el director hace es desmenuzar -no él, sino cineastas, montajistas, actores, críticos- esa escena de la ducha en la que Marion, el personaje de Janet Leigh, es acuchillada.

Los entrevistados van de directores como Peter Bogdanovich a editores como Walter Murch, o músicos como Danny Elfman. Y está el testimonio de la doble de cuerpo de Janet Leigh –hay que ver en qué quedó hoy esa señora, hecha una pasa de uva- y Jamie Lee Curts, hija de Leigh y protagonista de Halloween.

Aún sin escuchar los acordes de la música de Bernard Herrmann, la experiencia voyeurística es tremenda. Los cortes sobre el plano (que ya estaban en el Frankenstein de James Whale), el cruce del eje de 180 ° -sacrílego para muchos- en cuanto a la posición de la cámara, el desafío a los censores por parte de Hitchcock, la sorpresa mayúscula del público que no podía imaginar que Leigh, toda una estrella, no sobreviviera la película y que la misma se centrara en Norman Bates (Anthony Perkins), el desequilibrado dueño del motel donde transcurre la escena.

Hitchock nos hace creer que vemos algo que no vemos. Tal vez, el sentido del filme y de la escena esté en un fragmento de la no menos mítica entrevista de Francois Truffaut al maestro del suspenso: ¿qué le fascinó del libro para rodar la película? “El asesinato cuando uno menos lo espera”. No espere y vea ya 78/52. (Pablo O. Scholz – Diario Clarín)