Almost Famous es un homenaje al rock de los 70. Gracias a sus buenas críticas musicales, un adolescente que aspira a ser periodista es contratado por la revista “Rolling Stone” para cubrir la gira de una famosa banda. A pesar de su juventud y de la oposición de su madre, el chico vivirá con los músicos y sus fans una aventura inolvidable. Basada en la propia experiencia de Crowe.

Mejor Guion Original (Premios Oscar 2000)

Mejor Comedia y Mejor Actriz de reparto (Premios Globo de Oro 2000)

Mejor Guion Original y Mejor Sonido (Premios BAFTA 2000)

Top 10 – Mejores películas del año (American Film Institute 2000)

  • IMDB Rating: 7,9
  • Rottentomatoes: 89%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Son muy abundantes las producciones de Hollywood que intentan replicar los sentimientos de nostalgia, amor o la pasión por un tema concreto. En este último caso es muy difícil delimitarlo, ya que uno puede sentir una pasión desaforada por algo que a muchos sólo les provoque la mayor de las indiferencias. Sin embargo, es curioso que ayer os confesara mi gran admiración hacia ‘Alta Fidelidad‘ (‘High Fidelity’, 2000) y hoy me toque hablaros de Almost Famous (2000), ya que ambas llegaron a los cines con pocos meses de diferencia entre sí, dándose la casualidad de que comparten esos elementos que señalaba, y encima ambas hacen de la música el eje de las fascinación de sus protagonistas, siendo también la forma de llegar al corazón del espectador.

No obstante, hay un aspecto vital para diferenciar estas dos maravillosas películas, y es que la de Stephen Frears toma a un hombre ya maduro, pero algo perdido, como base para explicar cómo uno ha de aceptarse a sí mismo y no amargarse con lo que ha llegado a ser, mientras que Almost Famous opta por mostrar el proceso de maduración de un adolescente que ni tan siquiera conocía realmente lo que es el amor (o al menos una de las muchas caras del mismo).

Es ahí donde los trayectos de ambas propuestas separan su camino (y destino), y esta película de Almost Famous opta por una mirada idealizada, siendo consciente de las amarguras que van a suceder, pero siempre con un aire de optimismo vital que la aleja de forma sustancial de las dudas vitales del Rob Gordon de ‘Alta Fidelidad’. Curiosamente, el protagonista de la cinta e Frears está interpretado por John Cusack, el cual también encabezó el reparto de ‘Un gran amor’, la ópera prima, y segundo mejor trabajo como director de Cameron Crowe. Caprichos del destino.

Si hay una cosa que diferencia a Almost Famous del resto de la carrera de Cameron Crowe, esa es el hecho de estar muy inspirada en sus propias vivencias. De hecho, el personaje de William Miller, el protagonista de la función, está tan basado en él que casi podríamos decir que estamos ante una autobiografía de Crowe. Ambos se saltaron un par de cursos durante su infancia, los dos empezaron a escribir artículos sobre temas musicales a muy temprana edad, se relacionaron con Lester Bangs (un destacado periodista y crítico musical interpretado aquí a la perfección por Philip Seymour Hoffman) y también escribieron para la revista Rolling Stone. Podría seguir, pero lo que queda claro es que ‘Casi Famosos’ era un proyecto muy personal para Crowe, el cual aprovechó para incluir un montón de referencias al mundillo de la música, tanto a conciertos como discos e incluso la muerte de algunos artistas. 

Sin embargo, Crowe fue posponiendo varias veces el proyecto, y únicamente la insistencia de Lawrence Kasdan hizo que se pusiera manos a la obra. Además, en una bendita casualidad del destino, fue su primer trabajo tras la publicación de su estupendo libro ‘Conversaciones con Billy Wilder‘, con lo que siempre mantendré la teoría de que retuvo momentáneamente parte del talento de Wilder, aunque despojándole de su cinismo habitual para que Almost Famous acabase siendo la gran película que es. Eso sí, es una propuesta muy idealista que prefiere no ir oscilando de forma constante entre el drama y la comedia, sino reservar lo primero para momentos muy concretos, algo que ayuda a que tengan más efectividad dentro de la progresión de la historia, pero a su vez un efecto dramático ligeramente desdibujado . Y es que Almost Famous es una película optimista, de esas que muchos descalifican por ofrecer un retrato demasiado amable de lo que cuenta, algo que nunca debería ser un problema si se hace tan bien como aquí.

Nadie puede discutir que la música ejerce una influencia notable sobre nuestro estado de ánimo. Si es antes la depresión o el escuchar música tristona es algo más difícil de descifrar al estar indisociablemente unidos, pero lo innegable es que Almost Famous hace de su banda sonora el gran soporte emocional de la película. Tanto es así que se tuvieron que dejar tres millones y medio de dólares únicamente en derechos de autor para la utilización de más de 50 canciones. Eso sí, es ‘Tiny Dancer‘ de Elton John la que gran mayoría de espectadores recuerda, y no es para menos, ya que es el momento cumbre a la hora de ver cómo la música afecta al humor de los personajes al mismo tiempo que funciona a modo de muestra de la fuerza de unión de la música.

Y es que me encantaría decir que Cameron Crowe hace un gran trabajo tras las cámaras, pero lo cierto es que un aspecto de menor trascendencia a lo habitual, centrándose él en dejar que la música, el guión y los protagonistas creen una conjunción casi perfecta de eso que se suele llamar magia. Ya mencioné la música, pero es innegable que el guión, justamente recompensado con un Oscar, consigue que la idealización de la historia no funcione de forma negativa como sí suele suceder en el resto de cintas de Crowe, sino que crea una melodía cinematográfica muy honrada en la que no hay tiranteces ni bajones, simplemente un acercamiento un tanto ingenuo que uno ha de aceptar de entrada si quieres disfrutar de esta pequeña gran película.

El otro aspecto clave para que una cinta de estas características funcione es conseguir un reparto que sepa estar en sintonía con las intenciones del protagonista, y vaya si lo lograron en el caso de Almost Famous. El primer acierto fue la contratación de Patrick Fugit, debutante en la gran pantalla y con escasa experiencia televisiva por aquel entonces, como el alter ego de Crowe. Fugit es la viva imagen de la inocencia y es el protagonista perfecto para una historia con tono como el que imprime Crowe a la película. Casi igual de importante fue el fichaje de Kate Hudson como Penny Lane, la groupie de Stillwater que también sirve como compañera vital de Fugit en su transición vital de la juventud a la mayoría de edad (aún sin serlo realmente), y es que el director acertó de pleno a la hora de descartar a Kirsten Dunst para el papel porque Hudson daba más el tipo como espíritu libre. Sí, sé que la hija de Goldie Hawn luego se ha encasillado como un tanto insoportable reina de la comedia romántica, pero aquí ofrece una actuación extremadamente adorable que ni siquiera su carrera posterior ha conseguido manchar.

El resto de actores ayudan a conformar un ligero pero entretenido mosaico en el que interactúan los dos protagonistas. Es obvio que los integrantes de Stillwater, la banda de ficción sobre la que prepara un artículo el personaje de Fugit, son los más importantes, aunque dentro de la banda lo único realmente trabajado es el antagonismo entre el cantante y el guitarrista, e incluso ahí Jason Lee, que da vida al primero, tiene un peso específico menor. Y es que es Billy Crudup el pegamento que une a William Miller y Penny Lane al mismo tiempo que es lo que los aleja, pues mantiene un romance con la segunda a la par que va dando largas al primero a la hora de concederle la entrevista prometida. Crudup, un intérprete que no ha tenido demasiada suerte en Hollywood, sabe equilibrar el ser una mala persona con un aire entre encantador y misterioso como elemento redentor.

Por lo demás, uno puede encontrar no pocos rostros conocidos en papeles entre menores (estupenda Frances McDormand como la madre del protagonista) y casi insignificantes (Rainn Wilson, que luego conseguiría una merecida popularidad por su papel en la serie ‘The Office’). Pasamos de una Zooey Deschanel, aún a mitad de camino de convertirse en ese ser imbatible en cuanto a adorabilidad que hoy es, a Jimmy Fallon, que ahora ha dejado de lado su carrera interpretativa en aras de su faceta de showman, o Anna Paquin. Lo curioso es que Crowe consigue que en prácticamente ningún caso uno se quede con ganas de saber más de los personajes por aparentemente desdibujados que puedan estar (el integrante de la banda que sólo menciona una frase, aunque éste sea uno de los mejores momentos de Almost Famous), ya que todos cumplen su cometido para que la película funcione como un perfecto mecanismo de relojería.

En definitiva, Almost Famous es una película encantadora y que roza lo fascinante para todos aquellos que estén dispuestos a aceptar la apuesta personal de Cameron Crowe sobre cómo abordar la historia que cuenta. Sí, la idea de una película más profunda sobre los problemas de una banda musical mientras un periodista va con ellos es tentadora, pero eso no es lo que quiere lograr Almost Famous, que triunfa a lo grande en su intención de ser una película especial que toque la fibra sensible del espectador sin recurrir a algo prefabricado, sino a la consecución de tono optimista y ligeramente melancólico con la que su director nos cuenta una parte de su juventud que lo dejó muy marcado a la hora de convertirse en el hombre que era por aquel entonces. Por desgracia, la carrera de Crowe perdió mucho interés en sus siguientes trabajos, provocando que podamos hablar de ‘Casi Famosos’ como un pequeño resplandor de genialidad. (Mikel Zorrilla – espinof.com)