Hostages sucede en el año 1983, cuando Georgia era una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, un grupo de jóvenes pertenecientes a familias de la élite intelectual intenta huir de la URSS y escapar a Occidente secuestrando un avión. Basada en una historia real.

  • IMDb Rating: 6,5
  • RottenTomatoes: 100%

Película / Subtítulos

Hostages, el cuarto largometraje de Rezo Gigineishvili, es a la vez un thriller implacable y una crítica social bien desarrollada y expresada. En la preparación de la Berlinale, el largometraje del director georgiano fue uno de los títulos que ha generado más interés antes del festival, sin lugar a dudas en términos de destreza y de efecto cinematográfico. Concebido para despertar el suspense y la emoción en la audiencia, este thriller sobre un secuestro expone en primer lugar el trasfondo socio-histórico con elegancia y la no demasiado obvia motivación de los personajes con confianza, antes de rematarlos con las escenas de acción más notables del cine europeo contemporáneo.

Basada en hechos reales, Hostages se ambienta en Tiflis en 1983, donde una veintena de jóvenes pertenecientes a la élite (artistas aspirantes, actores y médicos) sueñan con escapar de su opresiva vida en la Unión Soviética. Sienten que pertenecen al libre mundo de las posibilidades de Occidente, simbolizado por el tabaco Camel y por los discos de los Beatles, e incluso por el derecho a practicar una religión.

Al grupo se le ocurre secuestrar un vuelo comercial que se dirige al resort Batumi del Mar Negro y forzar al piloto a sobrevolar la frontera de Turquía, el país más cercano que no se encuentra bajo el control directo del régimen soviético. Dos de ellos, el joven actor actor Nika (Irakli Kvirikadze) y la bella y sofisticada Anna (Tina Dalakishvili) van a casarse, lo que se convierte en la excusa perfecta para un viaje al mar con sus amigos y en una efectiva cortina de humo para encubrir sus peliagudos preparativos (empaquetar las armas) y deslizarse entre el caos emocional y alcohólico inevitable de una boda georgiana.

Gigineishvili opta por un enfoque impresionista y sitúa al espectador en medio de la boda, con una acertadamente fluida fotografía (en ocasiones voladora) del director de fotografía Vladislav Opelyants y un gran montaje a manos de Andrey Gamov y Jaroslav Kaminski (los mismos de Ida, de Pawel Pawlikowski) El padrino le pide a la banda de música que toque más rápido, y la cámara capta, perceptiblemente, el ritmo ascendiente de la música tradicional, que circula a través de las salas, alrededor de los recién casados y entre los invitados, y entonces sigue a Nika mientras se despide rápidamente de los invitados para después abandonar la casa con su esposa y amigos.

Sin embargo, las malas noticias les aguardan en el aeropuerto: el itinerario ha cambiado y el vuelo se combinará con otro con destino San Petersburgo, lo que implica un avión más grande y más pasajeros de lo previsto. Su ingenuo plan comienza a desmoronarse antes de despegar. Este largo e impresionante pasaje sumerge al público en una acción inspiradora, fuertemente controlada y sorprendentemente convincente. Además, Gigineishvili y su coguionista, la aclamada novelista y dramaturga Lasha Bughadze, decidieron emplear una situación extrema para arrojar luz sobre algunos puntos esenciales sobre el estatus social de los secuestradores, y sobre por qué arriesgan tanto cuando disfrutan de tantas comodidades. (Vladan Petkovic – CineEuropa.org)