Man on Wire es un documental sobre la hazaña del funambulista francés Philippe Petit que, el 7 de agosto de 1974, logró de manera ilegal caminar sobre un alambre tendido entre las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. Culminada la proeza, fue arrestado por la policía, pero la exhibición fue considerada por algunos “el crimen artístico del siglo”.

Mejor Documental (Premios Oscar 2008)

Mejor Film Británico (Premios BAFTA 2008)

Premio del Jurado al Mejor Documental Internacional y Premio del Público (Festival de Sundance 2008)

Mejor Documental (Festival Internacional de Cine de Toronto 2008)

Mejor Documental (National Board of Review 2008)

Mejor Documental (Premios Independent Spirit 2008)

  • IMDB Rating: 7,8
  • Rottentomatoes: 100%

Película / Subtítulos (Calidad 720p)

Man On Wire es un documental que narra el plan  llevado a cabo por el equilibrista francés Philippe Petit, quien en 1974 recorrió caminando sobre un cable la distancia de 60 metros que separaba las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York.  Cuando la Policí­a le preguntó “por qué”, Petit les contestó “Cuando veo naranjas, me dan ganas de hacer malabares; cuando veo dos torres, me dan ganas de caminar entre ellas”.

El motivo descrito por Petit era incomprensible para todo el mundo. Menos para Petit. Pero sea por el motivo que sea, su exhibición logró remover algo muy inusual en la sensibilidad de la gente y evocar un cierto sentido de comunidad de espectadores. “He sido policí­a durante 20 años”, cita uno de los agentes testigo de la caminata del funambulista galo. “Me quedé quieto… eventualmente terminé amenazándole con mandar un helicóptero para que le sacara de ese cable, pero durante unos segundos, me di cuenta de que valí­a la pena quedarme en silencio, porque probablemente estaba contemplando algo que sólo verí­a una vez en la vida”.

Man on Wire se mueve en términos profundamente abstractos. Sí­ que mantiene un cierto sentido del suspense a la hora de explicar con todo lujo de detalles, la extraordinaria planificación llevada a cabo por Petit y el grupo de lunáticos que le acompañaban a la hora de recabar hasta el último detalle del funcionamiento de los edificios en los que llevarí­an a cabo su obra. Pero, a un nivel más profundo, el film es un estudio de un hombre apasionado por la labor que desarrolla y por todo lo que implica: vivir en las alturas, expresar creatividad pendiendo de un hilo, y en general simplificar los elementos que componen su vida, reduciendo todos los factores a un cable, una pértiga y una distancia.

Es por ello por lo que Man on Wire, a un nivel más profundo aún, intenta transmitir un estado de ánimo que es, por imposible que parezca, sosegado y estimulante al mismo tiempo: Petit se siente completo, en paz, feliz,  mientras camina por el cable, pero  al mismo tiempo hay que recordar que este mariconazo se encuentra suspendido a más de 410 metros de altura del suelo, en un entorno bastante inestable, como poco.  Viendo el documental  y teniendo en cuenta que padezco vértigo galopante, me sigue pareciendo increí­ble conciliar ambas experiencias.

Pero ahí­ están. Y me parece perfecta la forma en la que James Marsh no sólo cumple a rajatabla la primera ley del buen documentalista (recopilar la mayor cantidad de información posible sobre el tema –y os aseguro que es absolutamente impresionante, en particular gracias al hecho de que Petit grabó muchos ví­deos sobre sus entrenamientos previos, así­ como de hazañas anteriores), sino que nunca parece sentirse limitado por el material que maneja. De esta forma, es capaz de reproducir escenas imposibles de permanecer grabadas en alguna parte, como el momento en el que el grupo prepara su asalto final en la azotea de la torre. En su lugar, emplea pequeñas pero fascinantes piezas de ficción, rodadas en blanco y negro y muy minimalistas, en las que reconstruye algunos de los eventos de las últimas fases del plan de Petit.

Petit, por cierto… nunca llegamos a conocerle muy bien, pero tampoco es interesante que ello suceda. Petit es un artista, un charlatán, un extraordinario narrador (extraordinario, de verdad, parece un viejo marinero)  y una persona enérgica y vital. Sus compañeros parecen preocupados por temas terrenales (la Policí­a, la logí­stica del plan, las consecuencias de sus acciones). Petit sólo quiere caminar entre las Torres, y su afán termina contagiando al resto de los componentes de su equipo.

Gran parte de la sensación que quiere transmitir Man On Wire se consigue también a través del empleo de muchas piezas de Michael Nyman, cuyo estilo le viene a esta obra como anillo al dedo. Man on Wire no es socialmente relevante, no es una obra de visionado imprescindible, pero es el testimonio de un hombre que se juega el cuello para satisfacer un deseo personal que para gran parte del mundo resulta irrelevante,  es una obra que abandera la expresividad humana como forma de creación artí­stica y finalmente un retrato de la persona que sólo aparece en paz consigo misma cuando vive al máximo de las posibilidades. A la máxima altura, se entiende. (Rafa Martín – lashorasperdidas.com).