En The Changeling, John es un famoso compositor que acaba de perder a su familia de manera trágica y trata de superarlo marchándose a vivir desde Nueva York a una casa apacible y solitaria en Seattle. Sin embargo, al poco de tiempo de instalarse empiezan a suceder cosas extrañas… Hasta que un día descubre una habitación secreta ubicada al final de la escalera.

Mejor Película Canadiense en los Premios Genie 1980

  • IMDb Rating: 7,2
  • RottenTomatoes: 82%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Que siento una especial debilidad por el cine fantástico y de terror es algo de lo que ya se habrán percatado quienes hayan seguido esta ‘Sesión doble’ semana tras semana. Y si hay un subgénero en particular que siempre ha gozado de mi simpatía, ese es el de las casas encantadas. Desde la clásica La mansión encantada (1963) de Robert Wise, muchos han sido los inmuebles que nos han hecho temblar a causa de terribles secretos escondidos entre sus paredes. Terror en Amityville (1979), The Shining (1980), El ente (1982), Poltergeist (1982) o las recientes aportaciones españolas de The Others (2001) y El Orfanato (2007) pueden considerarse algunos de los títulos más representativos de esta tendencia, pero si tengo que elegir una película que reúna todos los ingredientes, tics y lugares comunes de este tipo de historias, pero elevándolos a la categoría de obra maestra, esa es The Changeling.

Lo que más sorprende a priori de The Changeling es, sin duda, el hombre que se encuentra detrás de la cámara, Peter Medak, un realizador mediocre de escasa filmografía. Romeo is Bleeding  y Species 2 fueron sus aportaciones más destacables a la industria del cine después de The Changeling, lo que dice muy poco a su favor. Ésta fue su mejor película y, aunque fuera un caso aislado, demostró un perfecto dominio de todos los recursos cinematográficos. El magnífico guión de William Gray y Diana Maddox narra la historia de John Russell, un compositor y profesor de música que, tras haber perdido a su mujer e hija en un dramático accidente de tráfico, se traslada a vivir a un caserón en donde comienzan a producirse todo tipo de manifestaciones de carácter paranormal. La elección de George C. Scott para el torturado personaje de Russell fue el mayor acierto de la película, sin duda. El protagonista de Patton (1970), por la que ganó el Óscar al mejor actor, ofrece una antológica interpretación, resultando totalmente creíble en su sufrimiento. Trish Van Devere, por su parte, está bastante bien en el rol de Claire, la chica que le facilitó al músico el alquiler de la casa y que le ayuda en su investigación de qué sucedió años atrás entre aquellos muros. Hay entre ambos personajes una historia de amor latente que en ningún momento se termina de consumar. A pesar de ello, la química entre Scott y Van Devere es notable en pantalla, ya que era su quinta película en común y compartieron veintisiete años de matrimonio en la vida real. En la trama de misterio hay un tercer personaje implicado, el senador Joe Carmichael (soberbio Melvyn Douglas), heredero de un importante patrimonio que tal vez no le corresponda. Pese a que sus apariciones en pantalla son escasas, se trata de un rol esencial en el desenlace de la historia.

Lejos del efectismo de su coetánea Terror en Amityville o de ser una montaña rusa de efectos especiales tipo Poltergeist, The Changeling se caracteriza por una elegancia y sobriedad que la emparenta más con el clásico de Jack Clayton Suspense (1961). Alejandro Amenábar no duda en calificarla como su película favorita y reconoce haber sido la fuente de inspiración estética y argumental para su taquillera The Others, hasta el punto de tomar prestado el nombre del Sr. Tuttle, criado de Russell en The Changeling para el personaje del jardinero de su cinta. Aquí el miedo procede de elementos tan sencillos como una tecla de piano pulsada a destiempo, la melodía que sale de una caja de música, una pequeña silla de ruedas, una pelota de juguete que baja unas escaleras (una de las escenas más impactantes, sin duda) o unos misteriosos golpes que despiertan al protagonista a las seis de cada mañana. Al final de la escalera está planteada, al igual que su compañera de sesión La Profecía (1976), como una película de suspense, donde hay un crimen cometido en el pasado y un fantasma que busca ponerse en contacto con el protagonista para que le sirva de intermediario con el mundo de los vivos en su afán de venganza. Al calificar a esta obra de sobria y clásica no hay que dejarse engañar, ya que posee la suficiente cantidad de momentos aterradores para contentar a los aficionados del género. La imagen del pequeño Joseph Carmichael observando desde el fondo del agua de la bañera en sus apariciones es prueba palpable de ello. Pero si hay un segmento de The Changeling que continúa poniendo los pelos de punta como el primer día, ese es el de la sesión de espiritismo con la médium. Medak hace un trabajo formidable en estas escenas, colocando la cámara de tal manera que los personajes parezcan observados por la entidad fantasmal en todo momento, con travellings que recorren los amenazantes pasillos de la casa y contrapicados que convierten las escaleras en un participante más de la historia. La parte en que Russell oye en el magnetófono la grabación de la sesión con la vidente y descubre horrorizado, la voz de Joseph pidiendo ayuda, fue también objeto de homenaje en otro título memorable, The Six Sense (1999) de M. Night Shyamalan. La única concesión de Peter Medak al golpe de efecto es la mítica escena en que la silla de ruedas parece cobrar vida propia y persigue a Claire escaleras abajo. Otro momento visualmente espectacular se produce cuando el senador Carmichael sube las escaleras mientras los pasamanos comienzan a incendiarse y la enorme lámpara de araña del recibidor se tambalea amenazando con caer en cualquier momento. Aun así, los efectos especiales nunca acaban tomando un protagonismo esencial, dejando la tarea de asustar al excelente trabajo de dirección artística (la mansión es un personaje más, como ya señalé anteriormente) y a la inquietante música de piano creada por Rick Wilkins.

En definitiva, aunque siempre que pensamos en el terror de los 70, los primeros títulos que nos vienen a la cabeza son El Exorcista (1973), La matanza de Texas (1974) o Halloween (1978), queda cada vez más claro que el tiempo pone cada cosa en su lugar. The Changeling, pese a que no fue un gran éxito comercial en su momento, se ha visto convertida con el paso de los años en un filme de culto, una fuente de inspiración para jóvenes y talentosos cineastas y el título de referencia indispensable si queremos hablar de casas encantadas en el cine. De hecho, es tan buena que, en estos tiempos de crisis creativa que vive el cine americano, todavía no ha habido en Hollywood quien se haya atrevido a hacer el remake de esta película. Es de los escasos clásicos del género que no han conocido una nueva versión. Y es que si no puedes superar algo, ¿Para qué intentarlo? (José Antonio Marín – ElAntepenúltimoMohicano.com)