The Untouchables esta ambientada en Chicago, en los años 30. Impera la ‘Ley seca’, que prohíbe la venta de alcohol. El idealista agente federal Eliot Ness persigue implacablemente al gángster Al Capone, amo absoluto del crimen organizado en la ciudad. La falta de pruebas le impide acusarlo de asesinato, extorsión y comercio ilegal de alcohol, pero Ness, con la ayuda de un par de intachables policías reclutados con la ayuda de un astuto agente, intentará encontrar algún medio para inculparlo por otra clase de delitos.

Mejor Actor de Reparto en los Premios Oscar 1987
Mejor Actor de Reparto en los Premios Globos de Oro 1987

  • IMDb Rating: 7,9
  • RottenTomaotes: 89%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Con las pruebas sobre la mesa, repasemos antes lo que aquí tenemos: Un reparto de lujo, de elite, vestidos todos por Armani, ambientados por la música de Morricone y dirigidos por Brian de Palma, contando una historia verídica que desafía así al espectador más incrédulo y exigente: The Untouchables. La cosa no podía salir mal.

Exacto, el único sentido en el que sale mal es en que las cosas se tuercen, hay sangre, peligro, pues estamos en medio del Chicago gobernado en la sombra por Al Capone, en plena Ley Seca de los años ’20, ley que no hizo sino empeorar las cosas al dispararse el crimen organizado por medio del contrabando de alcohol. En medio de tal vorágine se encuentra Eliot Ness (Kevin Costner), un agente federal que jura acabar con ese imperio encubierto, ese secreto a voces que está degradando su ciudad y jugando con muchas vidas.

Pero él no puede confiar en nadie, hasta sus compañeros de la policía están comprados por la mafia y comunican a ésta cada movimiento de Ness. Por ello tiene que buscar gente de confianza, gente que tanto por el azar como por sabias cribas va sumándose a él para juntos organizar redadas, que a medida que van siendo exitosas van cercando la amplia red de delincuencia que hila Capone a la vez que los van poniendo en el punto de mira del célebre gángster, interpretado éste por el maestro Robert De Niro.

El primero que se une a Eliot es un viejo policía, Jim Malone (Sean Connery), que se convierte en el docto y fiel guía de Ness ayudándole en muchas decisiones y acciones, entre ellas la selección de dos miembros más para la causa. Así es como confiarán en la frialdad y buena puntería del cadete Giuseppe Petri (Andy García) y la vehemencia e inteligencia del agente Oscar Wallace (Charles Martin Smith), el que ayudará a buscar formas más burocráticas para intentar encarcelar a Capone. Juntos los cuatro, formarán un reducido clan justiciero que la historia lo apodaría como The Untouchables.

El resto no se puede contar, hay que verlo y sentirlo, pues famosa es ya la escena del carrito de bebé en las escaleras de la estación, pero hay más momentos que también son patrimonio histórico del celuloide, o al menos están grabados a fuego en mi galería mental de mejores recuerdos del Cine, como el primer cara a cara de Ness con Capone en el Hotel Lexington, o las vicisitudes de la redada en la frontera canadiense, sin olvidar la escritura en sangre en el ascensor.

Cuando ya están en pleno ojo del huracán y saben que no hay vuelta atrás, me quedo con una frase de Kevin Costner (”Una parte del mundo todavía se preocupa por el color de la cocina”), frase que no es la más profunda dentro de semejantes textos que interpreta el elenco de actores, llenos de brillantes diálogos (sobretodo los que mantienen Costner y Connery), pero que sintetiza con gran profundidad la sensación que encierra el nudo del film. Pero sobretodo, y ya puestos, me quedo con cada mirada, gesto y frase de De Niro, cada condenado fotograma en el que figura. Por elegir una, adoro esa escena en la ópera, su contraste de malignidad y ternura, contrapuestas en el semblante de un Al Capone que aunque le estén susurrando al oído el cumplimiento de un asesinato que “encargó”, no desdibuja la emoción de su rostro ante la majestuosa “Ridi, Pagliaccio” que canta el tenor.

Aquél que le susurra es otro plato fuerte de The Untouchables, pues una cara, una mirada, a veces hace más que el mejor párrafo de un gran guión. El cínico hombre de blanco, Frank Nitti, lo encarna el actor Billy Drago, cuyas facciones pueden entrar perfectamente en el top ten de las más detestables de la pantalla grande, y que aquí en esta cinta se calza un villano bastante creíble, un gángster tan frío, tan repulsivamente engreído y tan chocante que dan ganas… no sé… de empujarlo al vacío desde una azotea, por ejemplo.

Temo aquí no haber hecho alusión suficiente a Sean Connery, él y De Niro conforman las dos mayores potencias interpretativas del filme, y cada uno a su manera, desde su propia personalidad artística, aportan un grado extra de atención hacia esta creación de Brian de Palma, una de las mejores películas sobre mafia que se han hecho.

Su pulso reposado, con sus taquicardias justamente necesarias, sus magistrales interpretaciones, sus buenos textos y su elegante fotografía, hace de Los Intocables una señorial obra maestra del cine, la película que hizo ganar un Óscar a Sean Connery como mejor actor de reparto (no era para menos), y uno de los primeros filmes que me mostraron en mi niñez la diferencia entre una película y una cinta de culto. (MasCriticas.com)