En Victory, el comandante del campo de concentración de Gensdorff, en la Segunda Guerra Mundial, que antes de la guerra había formado parte de la selección alemana de fútbol, se interesa por un grupo de prisioneros que practica este deporte. Se le ocurre entonces la idea de organizar un partido en el que se enfrenten una selección alemana y una selección formada por prisioneros de guerra. Aunque al principio los aliados rechazan la propuesta, al final aceptan el desafío.

  • IMDb Rating: 6,6
  • RottenTomatoes: 67%

Película / Subtítulos

 

Cuando uno piensa en Sylvester Stallone y en el Pacto de Varsovia, lo primero que viene a la mente es la ya clásica Rocky IV. Pero menos de cinco años antes que Rocky Balboa llegara a aquella fortaleza comunista desolada e invernal que era en realidad Jackson Hole, Wyoming, Sly hizo una película deportiva ambientada en la Segunda Guerra Mundial, en Hungría, con algunos de los actores y los futbolistas más famosos del mundo Occidental. Convirtió así una leyenda de Europa del Este con una dosis dudosa de verdad, en una fantasía absoluta occidental y americana. Así de poderoso era Stallone en los ochenta: viajó al otro lado de la cortina de hierro e hizo al mundo mejor a través del poder del deporte, no sólo una sino dos veces.

Victory, es una buena copia, nada del otro mundo, de The Great Escape, pero con bastante pedigrí. Además de Stallone, Victory incluye a estrellas como Michael Caine, Max Von Sydow y el jugador de futbol más importante del momento, Pelé. El resto del cast está lleno de campeones del mundo (como Bobby Moore y Osvaldo Ardiles), algún raro nominado al Oscar, y las mismas personas que habían estado interpretando el papel de Nazis tres décadas antes. Con todo y el poderío actoral, Victory parece haber sido olvidada por la cultura popular, excepto porque quizá haya servido como inspiración para el título de un episodio de Father Ted. Sylvester Stallone es Robert Hatch, un americano tan dispuesto a ir a la guerra que se apuntó con el ejército canadiense después de Pearl Harbor. Es una decisión de la que quizá se arrepintió al terminar con prisionero en un campo alemán. Ahí choca cabezas con John Colby (Michael Caine), quien ansía volver a jugar para el West Ham United una vez que termine la guerra, y pasa sus días organizando partidos de fútbol entre sus compañeros de prisión. Eventualmente, el comandante nazi/prefecto iracundo Karl Von Steiner (Max Von Sydow) decide usar a Colby y su StaLiga como propaganda. Organizan un partido de exhibición entre los prisioneros y una diezmada pero aún bastante buena selección nazi para el público de la París ocupada. Colby utiliza la oferta para negociar un mejor trato para su equipo y como excusa para lograr que algunos de los prisioneros de “Europa del Este” que la pasan mal se unan a ellos.

Es lo más cerca que llega la película a mencionar el Holocausto, y también a mencionar explícitamente la película húngara de 1961 Two Half Times In Hell, de la que Victory es remake. La leyenda del Partido de la muerte, en la que el equipo ucraniano FC Start derrotó a un equipo de soldados nazis en 1942 durante la ocupación —algunos de los jugadores fueron asesinados como represalia por haber ganado— ha rebasado los hechos, y el incidente actual ha sido borroneado por las múltiples repeticiones de la historia en la pantalla, desde una película rusa reciente (con un marcado sesgo antiucraniano) al clásico de 1974 entre prisioneros y guardias The Longest Yard y sus remakes.

John Huston, el padre devoto y abuelo de Chinatown, y uno de los mejores directores de la historia dirigió Victory cuando tenía más de setenta y ya estaba luchando contra el enfisema que lo mataría en 1987. A pesar de su mala salud, Huston estaba en medio de una racha de buenas a muy buenas películas, algo parecido a la racha ganadora de Clint Eastwood en los últimos veinte años. Todo parece mucho más sorprendente si consideremos que Victory fue realizada más de cuarenta años después de que Huston dirigiera The Maltese Falcon. Hay una cierta antigüedad en el ambiente de Victory, que va más allá del hecho de que su trama mezclando The Longest Yard y The Great Escape ya estaba bastante manoseada para 1981.

Max Von Sydow es mejor actor de lo que su papel requería, pero actúa bien como el “buen nazi” de cajón, tan bien como cualquiera. Von Steiner es un tipo que, después de un largo día cometiendo crímenes de guerra, solo quiere sentarse y ver deportes; así como lo haría Brewmeister Schmidt en Strange Brew de 1983, Von Sydow aporta más dimensiones de las necesarias al personaje. Anton Diffring, un actor al que veremos más una vez que salga la versión definitiva de The Day the Clown Cried, interpreta al anunciador nazi, cuyo truco de animar artificialmente los ruidos del público habrá inspirado a un joven Vince McMajon. Daniel Massey —incluso un adicto a las películas como yo apenas si sabía que existía y mucho menos sabía que había sido nominado al Oscar en 1968 por Star!— interpreta al Coronel Waldron, que da su aprobación al plan de escape pero luego es relegado a un papel de anciano gruñón de los Muppets en las gradas junto con otro oficial.

El legendario actor marroquí-francés Amidou interpreta al líder de la resistencia francesa que asiste en el escape del equipo, mientras que Carole Laure no es tanto el interés amoroso genérico sino la mujer genérica, punto. Incluso para los estándares generosos de las películas de escapes de cárceles demasiado elaborados, la trama del escape de Escape a la victoria tiene mucha cuerda, y todos los trucos en los vestidores del estadio [en Budapest que finge ser Colombes] parece ridículo en retrospectiva cuando al final parece que todo lo que tenía que haber echo el equipo para escapar era instigar una revuelta en las gradas. Que los disturbios en el estadio hayan terminado en algo menos que tragedia es quizá el detalle más revelador de que la película se hizo a inicios de los ochenta.

Victory es derivativa incluso más allá de sus orígenes “inspirado en un caso real” de por sí poco original, y todo lo que toma prestado resalta mucho justo por lo que elige tomar prestado/robar. Bill Conti, que ya lo había logrado con Rocky y a unos años de ganar un Oscar por The Right Stuff, hizo muy poco de lo que haría en esa otra película, y “tomó prestado” mucho de la sinfonía Leningrado de Dmitri Shostakovich (que para entonces en Occidente se consideraba parte del dominio público). También hay una escena en la que los extras húngaros pretendiendo ser franceses cantan La Marseillaise, y recuerda a cierta película de la era de la Segunda Guerra Mundial. También, no hay tres personas en el mundo que harían la “V” como la hacen Stallone, Caine y Pelé en el poster de la película; y si lo hicieran, sería más bien en una película de horror corporal al estilo Cronenberg, y no en una inofensiva película menor de John Huston sobre fútbol.

Al final, Victory apenas si logra el empate. Stallone, Caine y Pelé estén bien en sus papeles, pero el proyecto en general los traiciona tanto a ellos como a Huston, el director. Hay una buena película en esta premisa, cosa que puedo decir con seguridad porque se han hecho ya varias en realidad. (Tom Keiser – Sports.Vice.com)