En Hope los refuerzos se han desviado para combatir los incendios forestales y se han cortado todas las comunicaciones. El jefe del puesto policial de Hope, Bum-seok, y la agente Sung-ae luchan por defender un pueblo de ancianos, mientras que en las montañas, Sung-ki y los lugareños que se han lanzado a la búsqueda de la bestia se ven, por el contrario, acosados por ella. Lo que comienza como ignorancia siembra la semilla del desastre, que se intensifica a través del conflicto humano hasta convertirse en una tragedia de proporciones cósmicas.
- IMDb Rating: 6,6
- RottenTomatoes: 77%
Película / Subtítulos (Calidad 1080p)
Este año se cumplen dos décadas del estreno de The Host, la película de Bong Joon-ho que contribuyó de manera fundamental para poner al cine coreano de género y de aspiraciones ultra comerciales en el mapa internacional. Aquella película, cuya trama entreveraba terror, ciencia ficción, comedia negra, sátira política y hasta melodrama familiar, comenzaba con la irrupción en el río Han, que atraviesa Seúl, de una misteriosa criatura submarina que convertía a una familia disfuncional en protagonista de una historia de supervivencia.
Estrenada, al igual que Hope, en el Festival de Cannes – aquella en la Quincena de los Realizadores y esta última en la Competencia Oficial-, la película de Na Hong-jin se ubica en un territorio similar, ya que todo comienza con la aparición de una criatura extraña en medio de la rutina urbana. La diferencia es que ahora lo monstruoso no emerge de las profundidades acuáticas sino que llega desde el cielo. Y a partir de allí, lo que podría ser el comienzo de una parábola social se convierte rápidamente en una carrera contra el tiempo.
El monstruo de The Host no era una simple criatura sino también un cuerpo extraño capaz de condensar las múltiples tensiones de la sociedad coreana, que por entonces ya era una potencia económica (y cultural) de fuste. Allí se colaban, entre otros temas, la contaminación, la desconfianza hacia las instituciones, la presencia estadounidense y, sobre todo, la incapacidad de las estructuras de poder para responder ante una amenaza que desbordaba todos los protocolos establecidos. De esta forma, establecía al género como una vía lateral para hablar de la coyuntura, una de las constantes del mejor cine de género coreano. El monstruo llegaba para provocar miedo, pero también para obligar a mirar aquello que la sociedad prefería mantener fuera de campo.
Hope parece recoger aquella tradición, ya que Na Hong-jin también coloca a una criatura inexplicable en el centro de una comunidad y la utiliza como generadora de un estado de excepción y de anomía. La diferencia está en lo que ocurre a partir de esa llegada. Mientras en The Host la criatura iluminaba los pliegues más incómodos de la sociedad coreana, en Hope importan menos las resonancias de esa criatura que la manera en que se convierte en el motor principal de un relato atravesado por la supervivencia y la acción, por la huida constante hacia adelante.
Vaciada de las resonancias sociopolíticas de su hermana mayor (por edad y calidad), Hope se contenta con un despliegue espectacular de escenas de acción, un ritmo intenso, persecuciones, enfrentamientos y una sucesión de situaciones límite que mantienen la tensión siempre en alto. Na Hong-jin demuestra una indudable capacidad para administrar el vértigo y convertir la amenaza en un dispositivo narrativo eficaz, pero esa eficacia termina siendo también su principal límite. Donde The Host encontraba en el monstruo una herramienta para pensar el presente, Hope encuentra apenas una excusa para poner en marcha la maquinaria del espectáculo. Un espectáculo deslumbrante y por momentos apabullante, pero sin mucha sustancia. (Ezequiel Boetti – Página12.com.ar)


