Día: 21 de diciembre de 2024

  • A Ciascuno il Suo (Elio Petri – 1967)

    A Ciascuno il Suo (Elio Petri – 1967)

    En A Ciascuno il Suo un profesor de izquierda quiere averiguar que es esconde tras la muerte de dos amigos suyos durante una partida de caza. Pero la Iglesia, la mafia y los políticos corruptos no se lo van a poner fácil.

    Mejor Guión en el Festival de Cannes 1967

    • IMDb Rating: 7,0
    • RottenTomatoes: 62%

    Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

     

    «Me siento obligado a hacer películas, digamos, útiles. Creo que actualmente la situación política es tan grave que un cineasta no puede abandonarse a sus debilidades, a su puro y simple talento o a ciertos filones de su formación intelectual», confesaba en cierta ocasión Elio Petri en referencia a sus deseos de emprender una incursión en el género musical. «El tiempo de los poetas pensando en las nubes ha pasado», le explica al protagonista de A Ciascuno il Suo, como reflejando la posición innegociablemente fiscalizadora del director romano, un sacerdote desengañado que conoce al dedillo los mecanismos ocultos de poder que controlan y determinan el destino de los habitantes de Sicilia.

    Después de trabajar como guionista y auxiliar de realización, Elio Petri había debutado en 1961 en la dirección de largometrajes de ficción con L’assassino, una cinta que define ya en buena medida sus rasgos de estilo fundamentales: la caricaturización farsesca de una sociedad italiana corrompida e inmoral, dominada por la decadencia de los valores políticos, sociales, culturales y, en definitiva, humanísiticos. Seis años más tarde, en su quinta película en solitario, su trayectoria doblaría uno de sus principales cabos con el estreno de A Ciascuno il Suo, que comenzaría a conferirle mayor notoriedad a su figura de cineasta comprometido y de izquierdas. Sin embargo, el tono narrativo que escoge en este filme está alejado de cualquier comicidad —a excepción significativamente de sus conclusiones finales, lo que, dado el contexto precedentemente expuesto, multiplica con eficiencia la amargura de la obra y su dimensión crítica—.

    A Ciascuno il Suo se basa en una novela de Leonardo Sciascia, el gran cronista de la Sicilia contemporánea —en el Séptimo Arte destacarán las aproximaciones de otros directores también de gran conciencia política a otros tantos relatos mafiosos: Damiano Damiani con Il Giorno della Civetta y Francesco Rosi con Illustrious Corpses. Al igual que Petri, el escritor había estado afiliado al Partido Comunista, alejándose posteriormente de su dogmatismo acrítico —esa pregunta compartida a los protagonistas de L’assassino y la aquí comentada acerca de si «siguen votando al partido»—. Petri volverá a su corpus en Todo Modo.

    Y es que se trata de un director fiel a su gente, que va desde el editor Ruggero Mastroianni hasta el guionista Tonino Guerra —con quien ya había compartido redacción de libretos en su etapa anterior—, pasando por rostros habituales como su actor fetiche, Salvo Randone, omnipresente en su filmografía, o Gian María Volonté —Investigation of a Citizen above Suspicion, La Classe Operaia va in Paradiso, Todo modo—, que comenzaba entonces a labrarse su propia carrera como intérprete de prestigio y comprometido con la realidad de su tiempo aprovechando la popularidad cosechada en los spaghetti western A Fistful of Dollars y For a Few Dollars More, y en la exitosa comedia medieval L’armata Brancaleone. Por el contrario, más independiente se mostraría Petri respecto de los productores. Receloso de la dominación de los grandes capos del cine italiano, se decantaría en esta ocasión por un neófito, Giuseppe Zaccariello, que se amoldase a sus deseos de libertad artística.

    Ambientada en la hermosa localidad de Cefalú —cuya notoriedad en el cine vendrá sobre todo de la mano de Cinema Paradiso—, A Ciascuno il Suo desgrana la investigación que, a título particular, desarrolla un profesor tras el asesinato impune de dos amigos. Desde la fundacional In Nome della Legge, un magnífico western sículo, el cine del país se había asomado al abismo centenario de la Cosa Nostra a partir de sus sanguinolentas manifestaciones, que revelan la sociedad hermética y férreamente estratificada bajo la estructura alternativa —o superpuesta— al Estado que ofrece el poder mafioso. Cabe resaltar también en esta década de los sesenta el decisivo ‘film-inchiesta’ de Francesco Rosi Salvatore Giuliano, ya huérfano de cualquier lirismo romántico sobre el ‘fuorilegge’ e incursión en la naturaleza turbulenta de la auténtica protagonista de esta película de tintes cercanos al documental: una isla que ni es Europa ni es África, dueña de una idiosincrasia particularísima en la que se entremezcla sin solución de continuidad pasión y violencia, belleza y pobreza; todo desgarro y donde “tutto è política”.

    Una sentencia que hace propia la propuesta de Petri, donde las actividades criminales se incardinan en la existencia cotidiana —y, por tanto política— de la región, a espaldas del Gobierno de Roma, que lo desdeña como asuntos “pueblerinos” casi sacados de una película de “Chicago, Texas o Dallas” —un apunte de rabia contra la presunta superioridad social y moral de los Estados Unidos—, pero, al mismo tiempo, perteneciente a un sentir típicamente italiano que se manifiesta en dicotomías tales como que el recorte de la palabra «morir» exhiba en el anverso el sello papal que lustra el diario L’Osservatore Romano o que los individuos que han hecho del homicidio negocio conserven aun así un firme sentido religioso que les obligue a persignarse al transitar lugar sagrado.

    También en la identificación absoluta de los crímenes violentos con los crímenes de honor, en la constitución del «cornudo» como máxima humillación que legitima un resarcimiento igualmente incontenido, en la convivencia de la vigilancia de la comunidad —el cotilleo y las habladurías— con la reclusión en el atemorizado aunque cómplice silencio delictivo —la ‘omertà’—.

    Es posible que A Ciascuno il Suo le falte rugosidad y aristas en su estudio social, o quizás despegarse de los personajes principales para no dejar ese paisaje antropológico y político del territorio en meros bosquejos. En cambio, domina la obra una decepción que podría interpretarse que está materializada simbólicamente en la incapacidad sexual del protagonista, vertiente que por otro lado aporta un añadido pseudoromántico de escaso interés y que, peor aún, traba ocasionalmente el ritmo y la profundidad de la narración y hace previsible la evolución de los acontecimientos. Sin embargo, sí consigue reforzar la amargura y la sensación de impotencia que destila la película, rematada por un desenlace por completo ceniciento, tremendamente hostil en su ironía y muy elocuente en su propósito de revestir a sus tesis de una atmósfera poderosamente desilusionada.

    A modo de coda, hay que destacar que A Ciascuno il Suo obtuvo el premio al mejor guion en el festival de Cannes, ex aequo con la francesa Jeu de Massacre. (ElCríticoAbúlico.wordpress.com)

  • The Seed of the Sacred Fig (Mohammad Rasoulof – 2024)

    The Seed of the Sacred Fig (Mohammad Rasoulof – 2024)

    En The Seed of the Sacred Fig el juez de instrucción Iman se enfrenta a la paranoia en medio de los disturbios políticos de Teherán. Cuando su pistola desaparece, sospecha de su mujer y sus hijas, imponiendo medidas draconianas que tensan los lazos familiares a medida que las normas sociales se desmoronan.

    Premio Especial del Jurado, Premio del Jurado Ecuménico y Premio FIPRESCI en el Festival de Cannes 2024
    Premio del Público al Mejor Film Europeo en el Festival de San Sebastián 2024
    Mejor Película de Habla no Inglesa 2024 para la National Board of Review (NBR)

    • IMDb Rating: 7,6
    • RottenTomatoes: 94%

    Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

     

    Es innegable la importancia hoy del cine de Mohammad Rasoulof, un director condenado a prisión en Irán que encuentra la forma de seguir haciendo películas clandestinamente y de escapar de su país para venir a festivales de cine. Como denuncia de un sistema perverso y cruel, casi fascista, películas como The Seed of the Sacred Fig podrían entrar en esa discutible categoría de «necesarias», esos films que se recomiendan más por el tema que tratan y no necesariamente por sus méritos cinematográficos. Acá, quizás, estemos ante uno de esos casos. Es probable que Rasoulof se lleve premios importantes de Cannes pero no llegarán, necesariamente, por la calidad cinematográfica de su propuesta sino por lo que esos galardones significan como postura política y reclamo internacional.

    Es que The Seed of the Sacred Fig con sus casi tres horas de duración peca de una serie de importantes problemas en lo estrictamente cinematográfico, desde su guión lleno de lagunas, agujeros y caprichos narrativos hasta una realización que bordea lo torpe, lo extendido, lo poco consistente y hasta lo confuso. La de Rasoulof son dos o tres películas en una que se extienden por casi tres horas tratando de ofrecer una reflexión acerca de cómo la situación política de Irán impacta en la vida de una familia. Y si bien el mensaje atraviesa la pantalla y resulta claro, los métodos para llegar hasta ese resultado son por lo menos inconsistentes, por no decir mediocres.

    El marco de los hechos está ligado al asesinato de Mahsa Amini, que fue víctima de la violencia de las fuerzas de seguridad y cuya muerte despertó un enorme movimiento de mujeres en todo Irán. Para esa época, Iman (Misagh Zare) acaba de ser ascendido a un cargo importante de investigador en la corte Revolucionaria, un puesto que le dará seguridad económica y peso político probablemente de por vida. Su obediente mujer, Najmeh (Soheila Golestani), está feliz con la noticia y la primera escena consiste en contarles la novedad a sus hijas adolescentes, Rezvan y Sana (Mahsa Rostami y Setareh Maleki), que no se muestran tan entusiasmadas como ellos.

    Iman descubre que su nuevo cargo implica aprobar condenas a muerte sumarias sin revisar los casos, ya que por este clima de marchas y reclamos los encarcelamientos se van acumulando. Y que, además, por seguridad debe llevar un arma, algo a lo que no está acostumbrado. Al arma se la presenta en la trama con toda la pompa del caso, a sabiendas que en un momento será central a la trama. Pese a todo su mujer lo sostiene en medio de sus dudas, reasegurándolo, preparándole la ropa, la comida, hasta afeitándolo cada mañana. Pero sus hijas empiezan a mirar todo con desconfianza, especialmente Rezvan, que va a la universidad y está siendo testigo de lo que pasa allí, en las calles y en las redes sociales. Algo que le toca más de cerca cuando una amiga suya, Sadaf (Niousha Akhshi), es lesionada por la policía al pasar por una manifestación. Y luego es detenida y nadie sabe su paradero.

    La madre quiere que sus hijas se desentiendan de los dramas de esta chica –no quiere poner en problemas a su marido–, pero para ellas es difícil. Y así, mientras Iman se va asentando en su rol de dirigente duro contra las revueltas, Rezvan se le va plantando discursivamente, algo que incomoda a todos y genera una inédita tensión familiar. Cuando todo parece que la trama irá por el lado de la chica detenida, de golpe el arma de Iman desaparece y la película pega un brusco giro: de ahí en adelante todo se moverá en función de encontrar el arma y, cuando eso no sea posible, descubrir quién de los miembros de la familia la hizo desaparecer. Todas lo niegan, pero Imán y Najmeh se ponen tan duros ante la negativa que empiezan a tensar el hilo más y más todavía.

    Y eso es solo el comienzo de la serie de cada vez más extrañas y, convengamos, bastante tiradas de los pelos circunstancias que los cuatro –juntos o por separado– tienen que atravesar a partir de la enigmática desaparición de la pistola en cuestión, circunstancias que funcionan como un eco interno y familiar de las disputas que existen en todo el país, especialmente en lo que respecta a lo generacional. Pero luego, cuando la madre empiece a dudar acerca de las «fidelidades» de su marido, también por el lado de la relación entre hombres y mujeres.

    Los giros dramáticos de The Seed of the Sacred Fig son caprichosos y, más allá de las imágenes potentes que Rasoulof produce (un interrogatorio policial a sus propias hijas, sin ir más lejos) o las que fueron capturadas por las redes sociales durante las revueltas de 2022, la narración avanza sin prisa y sin pausa hacia lugares cada vez menos consistentes con la propuesta inicial. La chica «desaparecida» vuelve a desaparecer –esta vez de la trama– y todo se va reduciendo a un combate por el poder dentro de la familia, con un padre que pasa de cuerdo a violento en muy poco tiempo, una madre que hace un cambio bastante radical en aún menos tiempo y dos hijas que terminan teniendo roles bastante distintos a lo que parecen en un principio.

    Es cierto que se trata de una película filmada en gran parte clandestinamente, pero para un relato dramático de suspenso esas limitaciones a veces se sienten agobiantes. Más que nada porque casi toda la película transcurre en la elegante casa de la familia y llega un momento que no hay manera de filmar ese lugar tan burgués y anodino que sea mínimamente interesante. Al salir de allí la película recupera un poco el aire –las rutas, las calles, cierto artificial suspenso construido en esos momentos–, pero el problema es que con eso tampoco termina construyendo nada demasiado valioso, sino que acumula una serie de enredos casi propios de una comedia. The Seed of the Sacred Fig es valiosa como denuncia, como puesta en escena de una situación política preocupante y dolorosísima como la que existe en Irán –con las mujeres y no solo con ellas– y no sería extraño que se lleve un premio de Cannes, considerando el contexto. Pero como película es bastante limitada. (Diego Lerer – MicropsiaCine.com)