The Testament of Ann Lee

Inspirada en hechos reales The Testament of Ann Lee se centra en la líder religiosa Ann Lee, fundadora del Movimiento Shaker a finales de la década de 1770, llegó a construir una de las sociedades utópicas más grandes de la historia de Estados Unidos. Los seguidores de Lee la consideraban el Jesucristo femenino, y sus fieles le rezaban cantando y bailando.

Mejor Montaje en los Premios Independent Spirit Awards 2025

  • IMDb Rating: 6,9
  • RottenTomatoes: 85%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Un par de siglos antes de que se popularizara la banda de rock uruguaya Los Shakers, un grupo de devotos religiosos conocidos formalmente como la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo recibieron ese mismo apodo, shakers, merced a la cualidad extática de sus bailes y cantos devocionales, no exentos de sacudidas corporales extremas. Esa historia, la de una organización protestante nacida a mediados del siglo XVIII en el Reino Unido y hoy virtualmente extinta, es la que tomó la guionista y realizadora noruega Mona Fastvold para construir The Testament of Ann Lee, coescrita junto a su pareja, el actor y cineasta Brady Corbet (el proyecto fue producido casi en paralelo a The Brutalist, donde Fastvold también hizo las veces de coguionista).

A todas luces se trata de un proyecto peculiar y personal, un retrato de época que reconstruye el limitado ascenso y fugaz impacto local en los nacientes Estados Unidos de un modo de entender la práctica religiosa y la vida comunitaria que terminó en un callejón sin salida. Pero el film es también un musical, y no precisamente una comedia.

La historia comienza en Manchester, donde una niña llamada Ann Lee descubre a sus padres teniendo sexo, la semilla de su futura aversión a la “fornicación” y punto de anclaje de uno de los mandatos centrales de la orden de los shakers: el celibato absoluto. Ya mayor, y luego del nacimiento de cuatro hijos, ninguno de los cuales “llegó a vivir un año” –según afirma la voz en off que conduce el relato, la de una de sus asistentes más cercanas–, la joven Ann comienza a transformarse en la Madre Ann Lee. Nada más y nada menos que Cristo en la tierra y en forma de mujer, según sus seguidores.

Interpretada por una intensísima Amanda Seyfried (tan intensa que resulta extraña la falta de una nominación en la entrega de los Oscar), Ann tiene visiones claras durante una breve estancia en la cárcel. El encierro tiene un origen claro en la animadversión del statu quo religioso, y en el guion de Corbet y Fastvold funciona como pivote de lo que vendrá: el viaje de varias semanas en barco hacia esa nación joven y vigorosa que aún permanece bajo el yugo británico. El lugar ideal para plantar un árbol firme y generoso, según afirma la líder del pequeño grupo de viajeros.

La segunda parte de The Testament of Ann Lee transcurre en las nuevas tierras, al norte de Nueva York, donde el contingente de adoradores de Cristo intentará construir un mundo a su medida (en términos contemporáneos el pequeño poblado tiene algo de comuna). Ambiciosa y de gran aliento, rodada en 35mm con una potente fotografía, atravesada de punta a punta por una serie de momentos musicales a la manera tradicional, la película es sin lugar a dudas un objeto extraño, por momentos fascinante y en otros algo irritante.

Lejos de erigir una mirada actual a posibles hechos del pasado, el film no juzga a los personajes pero tampoco idealiza a la protagonista y sus seguidores. Y si en su ADN es posible rastrear ecos del cine del pasado, en particular la sensibilidad del primer Terrence Malick, lo cierto es que Fastvold logra darle forma a una cápsula temporal cuyos habitantes creen –erróneamente, desde luego– estar cambiando el mundo para siempre. (Diego Brodersen – Página12.com.ar)

 

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