En Veronika Voss, una famosa actriz alemana en el ocaso de su carrera recurre al alcohol y a las drogas con la esperanza de recuperar la fama perdida. Ésta es la última parte de la trilogía de Fassbinder sobre el desmoronamiento de los sueños de la Alemania Occidental de la posguerra.

Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Berlín 1982
Premio FIPRESCI en el Festival de Toronto 1982

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Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Veronika Voss o La ansiedad de Veronika Voss es la última película que compone una trilogía iniciada por Rainer Werner Fassbinder con The Marriage of María Braun y Lola (una versión libre de “El profesor Unrath”, la novela base de El ángel azul de Josef von Sternberg). En esta penúltima película que la vida le dejo rodar, antes de Querelle de Brest, emprendió la tarea de reproducir la fotografía y la iluminación del cine alemán de los años cuarenta y cincuenta, un sugestivo blanco y negro, o como diría la misma Veronika Voss; La luz y la sombra son la esencia del cine. Además es una evocación de la actriz Sybille Schmitz, que actuó en el Vampyr de Carl Dreyer (un universo fantasmal y pesado que Dreyer creó, claramente influenciada por el expresionismo alemán y deslumbra por su vanguardia y estética, definitivamente su obra más ambiciosa) y que sucumbió a la morfina y a la falta de trabajo en la década de los 50, víctima directa de la primera ola de drogadicción en la ya extinta República Federal. Lo extraordinario en este director es que siempre estableció relaciones entre el pasado y el presente, siempre interpretando las crisis actuales desde sus orígenes. Su propia drogadicción, por ejemplo, visita a la luz de esta película, hace patente que el director vivía sus propios problemas a plena conciencia y que siguió paso a paso su desarrollo. En alguna entrevista dijo: Se experimenta con drogas pero son perspectiva. El hecho de que tantos jóvenes consuman droga ya demuestra que la sociedad está corrompida. Pero las drogas –y también la agresión es una droga- no resuelvan nada.

En Veronika Voss –rodada en diciembre en 24 días en Munich y estrenada en febrero de 1982 en el Festival de Cine de Berlín, obtiene el Oso de Oro, se combinan los temas de la soledad, el “Angst” y la adicción, que guardan una estrecha relación, con el tema de la corrupción en sociedades aparentemente democráticas. Aquí, Fassbinder trata la cuestión fundamental que ya formulara sin responder en la obra de teatro Sangre en el cuello del gato. La explotación que propicia el “todo es válido” de la contienda capitalista queda representada en la película por el despiadado trato que la ambiciosa y rapaz doctora inflinge a aquellos pacientes que dependen de ella para obtener la droga que necesitan. La libertad del individuo está protegida por las leyes pero éstas se muestran ineficaces. El representante de este caso de los valores liberales es un cronista deportivo de nombre Robert Krohn (Hilmer Tate), que descubre que la doctora Katz (Annemarie Duringer) utiliza su poder para embaucar a sus pacientes y conseguir que éstos le traspasen sus propiedades a cambio de morfina que precisan, Krohn tratará de desenmascararla sin conseguirlo.

Dos de las víctimas de la doctora son ex-prisioneros de Treblinka. Como en In a Year of 13 Moons, Fassbinder trata de incluir el tema de los campos de concentración sin conseguir integrarlo del todo en el relato cinematográfico, pues el tema sólo resulta apropiado a nivel general con respecto a la época en que Veronika Voss se crea fama. Como exponente de una muy bien elaborada narración fílmica, la película es extremadamente eficaz, pero su estructura se ve debilitada por el acostumbrado reparto de premios y castigos que Fassbinder solía llevar a cabo en sus películas, ya que su intención es rendir homenaje a las víctimas de los campos de concentración y a aquellos que, como Veronika Voss, prosperaron bajo el dominio nazi pero no lograron sobrevivir en la República Federal. Sybille Schmitz, la figura que inspiró a Fassbinder su Veronika, se suicidó en 1953 porque el rechazo del público y de la industria cinematográfica de le hizo intolerable, insoportable; Veronika Voss muere porque la siniestra neuróloga le interrumpe el suministro de drogas.

La acusación que Fassbinder imputa a la Alemania contemporánea gira en torno a la corrupción del oficiala cargo de las investigaciones en materia de narcóticos, trabajando con la agudeza que le caracteriza y exteriorizando sin discriminar sus experiencias personales, Fassbinder trató de establecer una analogía entre el tráfico de drogas y el comercio capitalista. El estribillo de la canción que aparece en la banda sonora dice: Debo mi alma a las existencias de la compañía. Los vendedores de droga dependen de sus proveedores estadounidenses y gracias al corrupto oficial, el periodista no consiguió llevar a la doctora ante la justicia, aunque aquella, además de provocar el suicidio de Veronika y de la pareja de ex-prisioneros, asesine a su novia que, de forma un tanto inverosímil, le llama desde una cabina telefónica ubicada a la vista de la doctora tras haberse hecho pasar por una posible paciente.

La película se debilita en el propósito de darle a la trama la resonancia y pertinencias sociales que Fassbinder pretendía; la desventaja de utilizar influenciadas por Billy Wilder –Sunset Boulevard (La película empieza por el final, con un muerto flotando en una piscina (una de las escenas memorables del film) y, a partir de ahí, la narración continúa en un largo flashback. Ése no era, en realidad, el inicio previsto en un principio. La historia comenzaba en un depósito de cadáveres en el que Joe Gillis contaba a los muertos su historia. Pero en los pases previos del film, aquello causaba risa en el público y se sustituyó)- es que se admite el tópico y que los argumentos generalizados no se someten a examen. Donde acierta con toda brillantez es en dramatizar los sufrimientos de una adicta solitaria que comienza a envejecer. A sus treinta y siete años, Fassbinder era consciente de estar envejeciendo con rapidez –aparentaba ya más de cincuenta- y muchas de las personas que más había amado estaban muertas o se habían alejado de él. Del mismo modo que diez años atrás había logrado proyectar con éxito su propio terror a la soledad en Petra Von Kant. Lo incorporó aquí a la figura de Veronika Voss y ayudó a Rossel Zech a lograr una sobresaliente actuación. Esta afirma que su estado anímico y el de él se correspondían a la perfección y que le consideró en todo momento como un hermano mayor. Nunca había conocido a nadie que le pareciera tan cálido, vivo y atento a su actuación.

En el blanco y negro que resueltamente escogió, logró crear imágenes capaces de provocar resonancias en la mente del espectador. A menudo había utilizado el efecto de filtrar la luz a través de una persiana, pero nunca a través de una persiana, pero nunca con mejores resultados que los que aquí consiguió. Por otra parte, l canción que canta Veronika, “De esto están hechos los recuerdos”, evoca las películas realizadas por Hollywood y la UFA en los años cuarenta. Las escenas que tienen lugar en la consulta de la doctora muestran un deliberado exceso de iluminación, y la secuencia en la que Veronika contempla una de sus viejas películas es más sugerente que aquellas en las que Margot observa en el espejo su atemorizado rostro. En la mencionada escena de cine, Fassbinder aparece sentado al lado de Veronika; ningún otro director desde Alfred Hitchcock hizo su rostro tan familiar como Fassbinder al interpretar pequeños papeles en sus películas. Para Fassbinder la tarea consistía en escribir la Historia con la cámara. Y nadie supo hacerlo con tanta fantasía y, al mismo tiempo, con tal precisión.

Maria Braun, Veronika Voss y Lola forman una trilogía (en ese mismo orden, atendiendo a la cronología de esas historias) sobre la reconstrucción de la República Federal Alemana tras la caída de Hitler, una época que coincide con la niñez del director y en la que todo podía ser posible porque, según Fassbinder, nuestros padres tuvieron la posibilidad de construir un Estado humano y libre como ningún otro haya existido. La subyugación de los sentimientos ante el afán de lucro (Maria Braun), la corrupción con la que muchos debían resignarse si querían sobrevivir en esos años de acomodación oportunista (Lola) y la relación neurótica que mantenían los alemanes con la propia Historia, explotados por el todo vale de la contienda capitalista (Veronika Voss), no hicieron posible ese ideal de Estado del que hablaba Fassbinder. No deja de resultar fascinante el hecho de que el director creara de la forma en que lo hizo estas tres metáforas sobre la realidad alemana de posguerra, protagonizadas por mujeres que cargan con la Historia sin pretenderlo, viéndose obligadas a liquidar sus deseos y utopías subjetivas en favor de la esfera pública y política. Maria Braun, Lola y Veronika Voss, son mujeres que representan las aspiraciones y decepciones de los alemanes en un momento histórico concreto, la utopía del empezar de nuevo de una nación que será traicionada como lo fueron los sueños de aquéllas. Son mujeres que, en definitiva, no hacen la historia, sino que la viven con todas sus consecuencias. (Juan Guillermo Ramírez – Literariedad.co)