Nickelodeon

Nickelodeon es una historia sobre los orígenes del cine. En 1910, nace un nuevo espectáculo que alcanza una gran popularidad: el Nickelodeon, llamado así porque la gente pagaba un nickel (cinco centavos) por la entrada. En un local improvisado se proyectaba una película muda, con carteles explicativos y un piano en directo para dar realce a las escenas. Jóvenes de diversa procedencia y distintas profesiones, entran a formar parte de este excitante mundo, dispuestos a cualquier cosa con tal de alcanzar el éxito.

  • IMDb Rating: 6,2
  • FilmAffinity: 6,2

Película / Subtítulos (Calidad 1080p. Corte del director en blanco y negro estrenado en 2009)

 

Leyendo reseñas me encuentro con una definición de la película como «una gran carta de amor a la época anterior a los largometrajes». La misma frase (pretendidamente poética) se usó en análisis y reseñas de Once Upon a Time… in Hollywood (2019) ¿Es toda película que trate sobre el pasado de Hollywood una carta de amor? ¿Hay una idealización de los directores del presente para representar los inicios del séptimo arte en Estados Unidos? Sin duda tanto Quentin Tarantino como Peter Bogdanovich no son meros directores, sino unos apasionados del cine y su historia. Pero, Nickelodeon puede leerse tanto como una idealización de los comienzos del cine yanqui o como una suma de clichés sobre la industria, entre las que se destacan los aspectos negativos.

En la página de Wikipedia de la película se cita una declaración de Peter Bogdanovich sobre el Director’s Cut: «No hay nada que te distraiga. El pelo rubio y los ojos azules de Ryan no te distraen, y te centras en la acción de una forma más fácil. Por eso las películas más divertidas de la historia eran comedias mudas: Buster Keaton, Harold Lloyd, Charlie Chaplin. Centra la atención de otra manera, y el color distrae para ese tipo de cosas». Yo vi la versión en blanco y negro, que según el director es la mejor puesto que permite al espectador concentrarse en lo importante. Es interesante que Bogdanovich enlace el color y el sonido de las películas como dos factores que complican el visionado y el disfrute justo para un filme que trata sobre el aumento de la complejidad narrativa del séptimo arte ¿Habría que volver a las bases y sacarle el sonido a las películas del presente para valorarlas al máximo de su potencial?

Si bien inconsistente, la película tiene varias secuencias de slapstick. Los golpes y las caídas propias de la comedia física aparecen en la película como si fueran parte de la vida cotidiana: Bogdanovich solo se imagina a la época del nacimiento de Hollywood como se la ve en las primeras películas de Buster Keaton y así nos la muestra a los espectadores.

Bogdanovich vuelve a utilizar recursos de What’s up Doc? (1972), tales como la comedia rápida tipo screwball (especialmente con el productor H.H Cobb) o el gag de las valijas mezcladas. A su vez, Buck Greenway (Burt Lancaster) con un rifle de francotirador arriba de un techo hace acordar a Targets (1968), pero de una manera mucho más patética.

Los roles de los personajes están bien delimitados en torno a los partícipes del proceso de filmación: Leo Harrigan (Ryan O’Neal) como uno de los primeros directores-autores, que lentamente construye su visión propia de lo que puede hacer con una cámara y que se indigna por los tratos de los estudios. Buck Greenway (Burt Lancaster) como la estrella en ascenso que no piensa mucho en su trabajo o el arte que lo rodea. H. H. Cobb (Brian Keith) como el productor decidido y ambicioso que solo pide “risas y dólares”.

El primer contacto entre Harrigan (Ryan O’Neal) y Buck (Burt Lancaster) es con una larga secuencia de pelea. Se produce recién a los 50 minutos de película y por primera vez se conectan las historias de los dos protagonistas, que hasta entonces corrían paralelas. Si bien terminan abrazados también comienzan a disputarse el amor de Kathleen Cooke (Jane Hitchcock). Así como se conocen se va a sostener la relación: tensión y desconfianza mutua, en gran parte porque ambos se interesan por la misma mujer. Pero si creemos que los personajes son una buena representación de su rol, puede leerse como una disputa interminable entre directores y actores de cine. En una de las escenas finales, la cámara enfoca a Harrigan, Kathleen y Buck en el asiento trasero del auto. La tensión sigue estando presente, pero ya no por temas de amor (más o menos saldados) sino por diferencias elementales. Sin embargo, todos quedan embelesados de la misma manera cuando pasan cerca de una set de filmación. “Están filmando una película.” es lo único que dice Harrigan, y a partir de eso arreglan la relación con el objetivo compartido de terminar la película que habían interrumpido.

Se forma un interesante paralelismo en el cambio de percepción del público cuando termina la época de los nickelodeons. Tras el estreno de The Birth of a Nation, el público de pie aplaude y corea el nombre de su director: “¡Griffith! ¡Griffith!” Solo algunos años antes, el público que celebra a los actores de la compañía no prestan la más mínima atención a Harrigan (Ryan O’Neal), el director “-¿Vos también salís en las películas?” “-No, yo no salgo en ellas. Las hago.” “Oh, él solo las hace.”

Luego de la proyección de  The Birth of a Nation, H. H. Cobb (Brian Keith) pasa a poner en palabras lo que es todo un cambio de época para el arte cinematográfico. “La era del nickelodeon se ha terminado. Amaneció un nuevo día. La época del picture palace. Películas grandes, teatros grandes.” Pero su parlamento no termina aquí, sino que cierra con una reflexión sobre la naturaleza del cine. “Es como música para los ojos.” No hace falta saber leer para ver películas, sino aprender a mirar. Las líneas de diálogo de esta escena son hermosas y están muy bien actuadas, pero se le puede criticar a Bogdanovich que lo cuenta a través de palabras y no a través de imágenes. (Tommy Marchesi -MiradasDeCine.wordpress.com)

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