En El Ser Querido el aclamado director de cine Esteban Martínez es una leyenda tanto por sus películas como por un pasado marcado por la violencia y los excesos. En su nuevo proyecto, le ofrece un papel a su hija Emilia con el pretexto de ayudarla a relanzar su estancada carrera como actriz. Convivir en el set fomentará una cercanía que no han compartido en años, pero también reabrirá viejas heridas que nunca cicatrizaron.
- IMDb Rating: 7,2
- RottenTomatoes: 86%
Película / Subtítulos (Calidad 1080p)
El Ser Querido es una de las películas más importantes del año, de eso no cabe ninguna duda. Con su estreno en cines el pasado miércoles 26 de agosto, serán muchos los espectadores que se enfrenten a la misma obra que los críticos profesionales llevan discutiendo desde el pasado mayo, tras su paso por el Festival de Cannes. Allí, la aclamación mayoritaria fue rota por algunas voces discordantes que acusaban de cierto caos formal, gratuito, a la obra. También, había quien se sentía confuso por la estructura del guion en forma de grandes set pieces.
Eran pequeñas críticas alrededor de una película aclamada por muchos como «la mejor del director de As Bestas (2022) y Que Dios nos perdone (2016)«. Rodrigo Sorogoyen es ya un gran nombre del cine a nivel mundial, y su carrera continúa en ascenso, en avance, aumentando la apuesta. Para mal o para bien, con tropiezos o hallazgos, El ser querido es su película más ambiciosa y más particular (no hablamos de su premisa, sino de su apuesta formal y narrativa). Mucho se ha discutido de ello a través de los profesionales de la crítica, y mucho más se hará ahora que los espectadores cogen el testigo. Nosotros podemos estar más o menos de acuerdo con muchos de los aspectos criticados o ensalzados de El ser querido, desde la gratuidad confusa del cambio de formatos de imagen hasta la inusitada habilidad del madrileño para construir tensión en escena.
Sin embargo, ahora nos queremos fijar en lo que no se discute, en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo… Y ver el por qué sin entrar en spoilers. Hablamos, por supuesto, de la interpretación de Javier Bardem, tildada por muchos como «la mejor de su carrera». Y eso, hasta para los numerosos haters del actor español, es decir muchísimo. Normalmente, una afirmación así se dice y punto, un «Bardem nunca ha estado mejor así que pasemos a discutir otra cosa»… ¿Por qué?
Antes de nada, deberíamos decir que nuestro asombro y rendición al trabajo de Javier Bardem en El Ser Querido poco tiene que ver con que protagonice nuestra portada del número de septiembre. La generosa entrevista y charla que el nacido en Gran Canaria llevó a cabo con nuestro director, Jorge Alcalde, dice mucho y bien de él como persona y como profesional. Pero aquí vamos a hablar de por qué este trabajo puede ser el mejor de uno de los grandes actores a nivel mundial de las últimas décadas. Más allá de lo mejor o peor que sea El Ser Querido como película, este es el factor central, el alfa y el omega de esta obra, lo que está por encima de todo lo demás.
Javier Bardem interpreta a Esteban Martínez, un aclamado director de cine (para muchos el mejor director vivo y ganador de dos Oscar y la Palma de Oro en Cannes) que regresa a España tras décadas fuera para realizar una película histórica sobre el Sáhara. Junto a un reparto lleno de actores reconocidos, Esteban elige de protagonista a su hija Emilia (Victoria Luengo), a la que abandonó de niña y lleva sin ver 13 años. Emilia es, además, una actriz fracasada, con algún papelito en series de baja estofa como único currículum, que trabaja de camarera. Más allá de la primera escena, y al contrario que una Sentimental Value que nos mostraba la vida fuera de la producción y la elaboración de proyecto, El Ser Querido enseguida se lanza al rodaje como protagonista absoluto de la película.
No queremos dejar de mencionar a Victoria Luengo, una excepcional compañera de escena para Bardem cuya intensidad logra la casi imposible tarea de equipararse a él, y es que El Ser Querido es (otra de las críticas habituales) una película sin personajes secundarios memorables, aunque tampoco los necesita. Pero mientras que Luengo parece ser una actriz que domina, que borda incluso, su personaje del guion, Bardem lo eleva y se adentra hacia ese territorio de los genios que uno siente, con tensión, como desconocido e impredecible. Y eso que Esteban es, sobre el papel, un personaje en el que Javier Bardem es especialista, incluso podríamos decir que está rozando el encasillamiento en ese tipo de roles. Hablamos de un hombre poderoso, imponente, que asusta, que manda, un macho alfa en el sentido más tóxico de la palabra. Pero el arte no es nunca el qué, si no el cómo.
Sorogoyen demostró con As Bestas el efectivo resultado del duelo interpretativo entre la agresividad del personaje de Luis Zahera y la calma contenida del de Denis Ménochet. Javier Bardem es capaz de hacer convivir ambas pulsiones en un mismo personaje, dando pena y miedo a la vez, generando compasión y congoja a cada gesto, confesión y silencio. Sí, porque Bardem suma capas cuando enuncia el diálogo, cuando detiene el tiempo entre frases con sus silencios y, también, cuando repite gestos que hace propios de su personaje. Cada escena larga es perfecta para el lucimiento actoral, es una creación de personaje, una construcción a la que va sumando y sumando hasta casi despistarte de la propia película. Por supuesto, se detiene justo al límite. Si no fuera así hablaríamos de «fallo», de sobreactuación. Ser contenido en esa intensidad, con un personaje que logra ser hombre, padre, agresor, víctima, genio y fracasado a la misma vez, es la guinda del pastel.
No sabemos cuántos premios ganará Javier Bardem por su Esteban, ni si el tiempo acabará situando este trabajo en la cumbre de su carrera como aseguran las críticas, pero no nos extraña que nadie esté discutiendo su trabajo. Así de bueno es. (Rafael Sanchez Casademont – Esquire.com)