En Rock & Rule una malvada estrella del rock secuestra a una cantante femenina con la intención de forzarla a participar en la invocación de un demonio. La banda de la mujer deberá rescatarla y detener al villano.
- IMDb Rating: 6,4
- RottenTomatoes: 71%
Película / Subtítulos (Calidad 1080p)
En 1983, cuando el sueño del rock & roll ya mostraba signos de resaca, una extraña amalgama de ciencia ficción, punk decadente y mitología distópica llegó a las pantallas de forma inadvertida. Rock & Rule, una película animada que era demasiado extraña para los niños y demasiado audaz para los adultos, fue lanzada al mundo por Nelvana, un estudio canadiense que apostaba fuerte y jugaba con fuego (recordemos que su catálogo incluye series como Cadillacs and Dinosaurs y Beetlejuice).
Entre la gloria y la ruina, lo que quedó fue una obra que el público ignoró en su momento, pero que el tiempo reivindicó como joya de culto.
Dirigida por Clive A. Smith y producida por Michael Hirsh y Patrick Loubert, Rock & Rule fue, según cuentan en los pasillos de la animación, la segunda película animada canadiense realizada en inglés después de Heavy Metal (1981). Sin embargo, estuvo a punto de ser la primera.
Su génesis se remonta a 1978, cuando Nelvana comenzó a gestarla bajo el título infantil Drats!, un cuento de mutantes antropomórficos. Pero los tiempos cambian y la inocencia es un recurso escaso: pronto la historia derivó hacia un territorio más oscuro, empujada por el reciente interés de Hollywood por la animación para adultos.
La historia de Rock & Rule era un reflejo de su propia existencia: una banda de rock intentando sobrevivir en un mundo postapocalíptico, donde la música es magia y el poder corrompe a quienes lo anhelan demasiado.
En el centro de todo está Mok Swagger, una estrella del rock en declive, que en su desesperada búsqueda de la inmortalidad descubre que la voz de una joven cantante, Angel, es la clave para invocar a un demonio interdimensional. Como en toda buena historia de rock, hay una banda disfuncional, un concierto de vida o muerte, y una catástrofe que solo puede detenerse con la armonía perfecta entre dos almas en conflicto. Es decir, una versión animada del éxito y la condenación que el rock lleva en su ADN.
La historia de Rock & Rule no se cuenta solo en fotogramas, sino en los rastros que dejó a su paso. Se produjo sin un guion firme, un salto al vacío que obligó a los animadores a trabajar sobre secuencias individuales, intentando ensamblarlas en un todo coherente. Hablamos de un proceso que, en una industria donde cada trazo significa dólares y minutos, era un lujo insostenible. El presupuesto se disparó hasta los ocho millones de dólares, condenando a Nelvana al desastre financiero.
No obstante, su innovación técnica es incuestionable: la película empleó una cámara multiplano controlada por computadora para dar profundidad a su mundo y una técnica de “fotografía de estela controlada” que creó un efecto visual que nadie sabía explicar del todo, pero que se sentía electrizante. Poco más o menos, era un híbrido entre el futurismo de Heavy Metal y la irreverencia de Ralph Bakshi, un puente entre lo posible y lo prohibido.
MGM/UA Entertainment Company, que tenía la misión de distribuir la película, la trató como un pariente incómodo en una cena familiar. Su estreno fue limitado y casi clandestino: primero en Boston el 15 de abril de 1983, luego en Canadá el 12 de agosto del mismo año.
El público respondió con frialdad: apenas recaudó 30,379 dólares en Estados Unidos. Una cifra humillante para cualquier producto cinematográfico, pero especialmente cruel para una obra que lo había apostado todo a la carta del exceso.
El problema no era solo la distribución. Rock & Rule estaba fuera de tiempo y lugar: demasiado sofisticada para los fans de la animación infantil, demasiado rara para quienes esperaban un relato convencional de ciencia ficción. Temas como las drogas, el sexo y la corrupción personal la convirtieron en un problema para los estudios, que nunca supieron cómo venderla.
Como tantas bandas de rock underground, la película se estrelló en su debut y desapareció sin hacer ruido. Pero la historia del rock, en todas sus versiones, está repleta de redenciones tardías. Rock & Rule comenzó a resurgir gracias a los formatos domésticos, el VHS y el DVD, que permitieron que una generación desencantada descubriera su extraño y magnético encanto.
Sus personajes alucinantes, su estética ochentera y su banda sonora, que contaba con gigantes como Cheap Trick, Debbie Harry, Lou Reed, Iggy Pop y Earth, Wind & Fire, la convirtieron en una película secreta que solo unos pocos conocían, pero que pronto circuló entre los fans.
La ironía es notable: lo que se creó como una gran apuesta de la animación adulta terminó encontrando su lugar en los rincones oscuros del culto pop y en la memoria de quienes buscan aquello que los demás rechazan.
Rock & Rule no fue un éxito. Pero, como tantas bandas que murieron sin vender un solo disco, su legado es eterno. (Guzmán Urrero – Cualia.es)