En Die my Love una pareja joven y enamorada, cargada de ilusiones se muda de Nueva York a una casa heredada en el campo. Grace intenta encontrar su identidad con un nuevo bebé en ese entorno aislado. Pero al redescubrirse a sí misma tras un periodo de desmoronamiento, no lo hace en la debilidad, sino en la imaginación, en la fortaleza y en una impresionante e indómita vitalidad.
- IMDb Rating: 6,6
- RottenTomatoes: 74%
Película / Subtítulo (Calidad 1080p)
Todavía son muchos quienes piensan que la maternidad o paternidad es un objetivo natural sin el cual la vida carece de sentido. Los pasos para todo hombre o mujer serían encontrar pareja, eventualmente casarse y sobre todo tener descendencia, para asegurar no solo la continuidad del linaje o más ampliamente de la especie, sino la realización personal, como si uno viviera a través de los hijos. Es legítimo que muchos piensen así, pero igual de legítimo es pensar lo contrario, que la vida puede seguir muchos caminos válidos e igual de provechosos para cada persona, sin necesidad de procreación o casamiento. Lo que es indudable es que muchas personas se dejan llevar, por herencia familiar o presión social, por el camino antes resumido, y bien se arrepienten, bien se percibe que su maternidad o paternidad respectiva fue un error, o al menos algo para lo que no estaban preparados, y proyectan ese rencor, irresponsabilidad o dejadez, de manera imperdonable, en el hijo que han traído al mundo. Esto puede generarlo la llamada depresión posparto, más común de lo que se piensa, pues muchas madres que acaban de serlo llevan su padecimiento por dentro, y ese sufrimiento que sería contranatura, si asumimos esa visión de la maternidad como objetivo natural, se convierte en una especie de tabú, que no se puede compartir, y ello acentúa el aislamiento depresivo.
El año pasado la película Nightbitch de Marielle Heller, con Amy Adams, visibilizó este tema desde el humor negro, rozando la parodia. Ahora Die My Love, también un guion adaptado, la narra Lynne Ramsay, con el protagonismo de Jennifer Lawrence, para abordarlo desde el terror psicológico. Ambas comparten una fuerte introspección, lógica al tratarse de un conflicto interno difícil de verbalizar, como decíamos, lo que difumina un tanto los límites entre realidad y ensoñación, pues casi todo se ve desde la perspectiva turbada o alterada de la madre. Sin embargo, aquí la introspección da un giro sobre si misma al constreñirse a un mundo interior que impide avanzar al exterior, como si hubiera un bloqueo o rechazo constante. La película acaba como empieza, con un incendio alegórico en el bosque en que se adentra la protagonista, y entre medias se suceden fragmentos (más que escenas) algo inconexos, solo reveladores de la psique de esta mujer inconformista e insatisfecha.
Visto así, uno de los principales asideros para el espectador es la intepretación de Lawrence, que con una entrega total sostiene buena parte del metraje, teniendo en cuenta además lo esquemático de otros personajes que la rodean. Esto incluye los veteranos Nick Nolte y Sissy Spacek, sus suegros, y especialmente su compañero Robert Pattinson, más una burda comparsa que una pareja definida. El actor aquí hace lo que puede, pero hay una cierta disonancia entre su carismática presencia y lo que realmente aporta a la historia. Por lo demás, parece como si Ramsay les hubiera dado rienda suelta, tratando la dirección de actores ante todo desde el entendimiento del papel y luego renunciando a directrices claras, o al menos esa es la impresión que provoca la anarquía intepretativa, coherente eso sí con la convulsión de toda la narración. En el otro apartado, Ramsay y su equipo la ruedan contraponiendo cercanía y lejanía, en fuertes contrastes, según la escena, ignorando la planificación al uso que pasa de una a otra en una misma secuencia según su progresión propia. Como aquí no hay escenas como tales, con un principio y un final, esta puesta en escena más pendiente del momento o del estado de ánimo concreto es justificable, aunque defrauda un poco si se compara con el compacto tratamiento visual de filmes anteriores de la directora. Todo ello supone que Die My Love sea una obra algo menor y fallida en su trayectoria, pero sin obviar, eso sí, su mérito y atrevimiento, tanto temático como actoral y estético. (Ignacio Navarro Mejía – ElAntepenúltimoMohicano.com)