En Más Negro que la Noche cuatro mujeres se mudan a un viejo caserón heredado por una de ellas de su tía recién fallecida. De repente cosas muy raras comienzan a pasar: voces inquietantes, visiones fantasmales y ruidos extraños las llevan a enfrentarse con los poderes oscuros del mal.

  • IMDb Rating: 6,9

Película (Calidad 1080p)

 

Aunque el cine de terror suele valerse de elementos como el gore, fantasmas, monstruos y psicópatas –y más recientemente los jumpscares– para horrorizar al espectador, a veces el miedo más profundo que puede generar un filme es aquel que se crea mediante la atmósfera tan sofocante en la que ocurre su historia; incluso, cuando se logra esto último se puede llegar a prescindir de todos los demás recursos y aun así la película resultaría efectiva. Ejemplo de ello es Más Negro que la Noche (1975) del llamado Duque del terror mexicano, Carlos Enrique Taboada.

Luego de que Ofelia (Claudia Islas) hereda la enorme casa de su tía Susana (Tamara Garina) tras la repentina muerte de ésta, ella y otras tres amigas se mudan a la casona con la intención de vivir tranquilamente, sin embargo, la única condición para mantener esta herencia es que cuiden de Becker, el gato negro de la fallecida tía. Por desgracia, el amor que la vieja mujer tenía por dicho animal parece trascender la tumba, pues extraños sucesos comienzan a ocurrirles a las jóvenes cada vez que el gato se mira en peligro.

Más Negro que la Noche es por demás interesante y entretenida, pues no sólo representa una de las mejores obras en la filmografía de Taboada, sino que el desarrollo de la misma es capaz de generar tanto intriga como miedo por el hecho de que su trama oscila entre el terror y el thriller. Taboada consigue esto mediante la mezcla de ciertos misterios que ocurren durante la estancia de las jóvenes en la casona pero, a la vez, presentando diversos eventos sobrenaturales que giran alrededor de tales eventualidades.

La película, además, comienza de una forma envolvente, presentándonos a la tía Susana –aunque nunca de cuerpo entero, sino únicamente enseñando parte de ella- y a su gato Becker. Así, mediante diversas secuencias que en conjunto duran apenas un par de minutos, el director deja en claro la relación extremadamente cariñosa (casi incomoda) entre la mujer y su mascota; más aún, pues cuando se presenta la muerte de la anciana al final de estas escenas, ésta ocurre de una manera bastante explícita, pero no por la forma en que fallece, sino por la reacción del gato al ver muerta a su dueña, dándole así al espectador una idea del peso que tendrá este animal en la cinta.

Acto seguido se nos presenta a Ofelia y sus amigas: Marta (Lucía Méndez), Pilar (Helena Rojo) y Aurora (Susana Dosamante), cuatro jóvenes que, aunque inseparables, tienen ciertos problemas entre ellas debido a la manera en que cada una vive su vida; así, por ejemplo tenemos a la que es novia de un hombre casado y con hijos; a otra que simplemente lleva un noviazgo tranquilo con su pareja; una modelo un tanto extrovertida y, por último, a una ex esposa que a pesar de todo no puede negar que aún desea regresar al lado de su ex marido.

Son precisamente las personalidades de todas ellas las que hacen que poco menos de la mitad de la película se sienta como un drama con toques juveniles y hasta un poco de comedia, pues se incluyen un par de situaciones y chistes que sutilmente causan una que otra sonrisa en el público. Además, es una forma muy funcional que el director usa para que el espectador conozca la casa en donde están hospedadas y también la manera de vivir que llevaba su antigua dueña, pues al momento en que las mujeres deben seleccionar en qué habitación se quedará cada una de ellas, se nos muestra aquella donde dormía la tía Susana pero, además, una pintura de la anciana, cuyo porte a simple vista da a entender un simple mensaje: En esta casa sólo mando yo…viva o muerta.

Así, a pesar de que las jóvenes pasan buenos y divertidos momentos dentro de la casa, la sirvienta Sofía (Alicia Palacios) se encarga constantemente de recordarles las tradiciones que su antigua dueña tenía. Y el recordatorio principal es de tratar bien a Becker, el gato que tanto adoró la vieja Susana y, que aunque no directamente, deja implícito el hecho de que si algo malo le ocurre al animal, las cosas pueden salir muy mal para todas ellas.

Este gato se convierte así en otro personaje de la cinta, ya que su comportamiento, aunque normal al de cualquier minino, poco a poco sacará de quicio a algunas de las jóvenes, pero no sólo eso, sino que conforme más hostiles se muestran las mujeres con el animal, extrañas situaciones comienzan a presentarse en la casa, como el hecho de escuchar espectrales lamentos por las noches e, incluso, breves apariciones fantasmales. Así, la película deja de ser un mero drama juvenil para convertirse en una historia capaz de helar la más ardiente sangre y hacer temblar el corazón más valiente.

Además, Taboada no pierde el tiempo en dejar en claro que estamos ante una situación que desafía toda lógica y razón, pues incluso antes de que los eventos sobrenaturales más fuertes se presenten, la película está rodeada de una sensación de inquietud, la cual, se destaca por algunas breves escenas que recalcan que el espectro de la tía Susana ha vuelto. Por ello, no se trata de la típica película de terror que quiere hacer dudar al público sobre si lo que está viendo es real o no; al contrario, se encarga de asegurarle al espectador que el más allá existe y es peligroso. Además, la cinta tiene como un gran punto extra mantener en total misterio acerca del porqué el espectro de Susana ha vuelto de la tumba, incertidumbre que se resuelve, obviamente, con una cruel revelación.

De esta manera, a pesar de que Más Negro que la Noche se desenvuelve entre situaciones que van de lo misterioso a lo aterrador, su fortaleza es esto último, es decir, el ser totalmente aterradora. No obstante hay que dejar en claro que no se trata de un filme cuyo objetivo es hacer saltar al espectador de su butaca gracias a la aparición espontánea de un fantasma, sino todo lo contrario, es decir, la trama planea que el público se hunda en su butaca alejándose lo más posible del horror que se muestra en pantalla.

Obviamente no nos referimos a un horror visual como lo sería la presentación de escenas sangrientas y explícitas, sino más bien a secuencias bien logradas en las que se muestra el espectro de la tía Susana, ya que gracias a los encuadres que Taboada maneja, así como al uso de la luz y la oscuridad en los momentos clave, ocasionan que los segmentos donde ocurre algo sobrenatural sean sencillos pero bastante funcionales e incluso inesperados, dotándolos de una verdadera sensación de miedo que busca generar el escalofrío puro en vez del morbo sanguinario.

En resumen, Más negro que la noche es una película que funciona gracias a su sencillez, pues no se preocupa por hacer dudar al espectador, sino que busca sumergirlo lo más pronto posible dentro de un mundo sobrenatural y peligroso en el que la premisa es simple: la venganza puede provenir del mundo de los muertos. (Israel Yerena – CineOculto.com)