Father Mother Sister Brother es una película dividida en tres actos alrededor del mismo hecho: el reencuentro de miembros de una familia. Unos hermanos ya adultos se vuelven a juntar después de años sin verse, forzados a enfrentarse a tensiones no resueltas y a reevaluar sus tensas relaciones con unos padres emocionalmente distantes. Cada una de las tres historias tiene lugar en un país diferente: Father está ambientada en EE. UU., Mother en Dublín, y Sister Brother en París.
León de Oro a la Mejor Película en el Festival de Venecia 2025
- IMDb Rating: 6,6
- RottenTomatoes: 81%
Película / Subtítulos (Calidad 1080p)
Jarmusch no ha vuelto porque nunca se fue. La parodia zombi climática y homenaje a George A. Romero The Dead Don´t Die (2019) fue una cana al aire, un verso libre, la gamberrada que muchos directores veteranos se vienen permitiendo, como Coppola con su Megalópolis o Ridley Scott con Gladiator II, ambas estrenadas en 2024. No tanto sobre explorar nuevos caminos, esta tendencia se siente más como la necesidad de una bocanada de aire fresco por cineastas que son referentes del cine de los últimos cincuenta años.
El último largometraje del asceta de la inacción, el director que no rueda las acciones sino precisamente lo que sucede entre ellas, enarbola tres historias en Father Mother Sister Brother volviendo al cine episódico de Night on Earth (1991) o Coffee and Cigarettes (2003). Tres relatos en forma de comedia sobre el amor (o vacío) fraternal de hijos que visitan a sus padres. La primera se desarrolla a las afueras de Nueva Jersey, donde una pareja de hermanos interpretados por Adam Driver y Mayim Bialik (Blossom, The Big Bang Theory) visitan a un padre al que da vida un achacoso y balbuceante Tom Waits. La segunda transcurre en Dublín con dos hermanas – Cate Blanchett y Vicky Krieps – que visitan a su adinerada y autoritaria madre, una sensacional Charlotte Rampling. La tercera historia nos alejará de un reparto estelar y nos llevará a París, con dos gemelos interpretados por actores desconocidos para el gran público que visitan la casa de su infancia, donde ha seguido viviendo una madre cuya figura es igualmente anónima.
Y así, a medio camino entre el desafío existencial de Bresson y el desafío comunicativo de Antonioni, los personajes de la nueva obra de Jim Jarmusch exploran el vacío familiar posterior a la emancipación filial y la ausencia de vínculos con los progenitores. En otras palabras, se nos pregunta qué queda de la relación padre-hijo una vez que los niños han crecido y llevan sus propias vidas, solo para darse cuenta de que realmente no conocen a sus padres en absoluto.
Con prolongados y áridos riffs de guitarra que no solo acompañan, sino que conectan los tres relatos y a la propia película con la instrumentalidad musical de Dead Man (1995), el humor de Father Mother Sister Brother emana de nuestra propia memoria cinéfila y vital. Con su famoso estilo lacónico y minimalista, donde la relevancia radica en lo que no se dice, desprovisto de bromas complejas y referencias autoindulgentes, el filme navega los silencios incómodos en sus primeras dos historias para virar hacia los poéticos en la tercera. Una esperada poesía, como siempre, tan diversa y presente en la filmografía del director.
Todos los silencios son modestos, son suaves y son asimismo una variación del modus operandi de Hong San-soo. Porque la nueva película del cineasta nacido en Ohio en 1953 se basa, como en muchos relatos del coreano, en su comicidad por repetición: encuentros entre personas que, por una razón u otra, no tienen mucho que decirse y se hacen preguntas genéricas y raramente se profundiza en los temas. Si los silencios se suelen interrumpir en el cine de Hong (uno duplica lo último dicho por su interlocutor por el miedo al tic-tac del reloj), Jarmusch aquí los deja desnudos. El resultado son vacíos incómodos resultantes en comedia. En Paterson (2016) las repeticiones provenían de las acciones, de la rutina de un protagonista interpretado por Adam Driver: el despertar en la cama junto a su esposa, el emparedado del mediodía, la corrección de un buzón siempre inclinado y la visita nocturna al bar. Ahora se usan rimas que provienen de elementos, como el agua, los relojes, tablas de skateboard o el color parejo de la ropa. Todos ellos comunes a las tres historias, lo material es subvertido en su esencia como absurdez por su puesta en valor en nuestra sociedad, donde la lucha entre el capital y lo espiritual/intelectual desazona tanto que la comedia deviene en un recurso, en un lugar al que escapar.
Quizás sea ahí donde nos quiera llevar Jarmusch, con una película que, ahora para el espectador, es un soplo de aire fresco por sus ciento diez minutos en un panorama de ingentes producciones que coquetean, si no superan, las dos horas y media; esto, como sabemos, aboca a muchos espectadores a devorar ciega, incesante y casi exclusivamente capítulos de series. Father Mother Sister Brother son tres capítulos que, además de durar poco más de media hora, son historias autoconcluyentes.
El primero, Father, es el más humorístico, utiliza luz fría y muestra por primera vez el uso de colores como un elemento común en los tres capítulos, rojo, morado y azul. Las escenas de patinadores a cámara lenta simbolizan la existencia que se escapa ante nuestros ojos y las personas que van y vienen en nuestras vidas, así como la falta total de control que tenemos sobre ellas. El padre (Tom Waits) vive solo en una cabaña remota en el campo, deteriorada y desordenada, donde, aparte del agua y las bolsitas de té viejas, no hay otras bebidas. Pero asegura a sus hijos que no hay nada de qué preocuparse. Jarmusch construye una atmósfera hecha de tal tensión y vergüenza, de manera tan absurda e hipócrita que termina iluminando sobre cómo las apariencias a menudo nos engañan.
El segundo episodio, Mother, se relaciona más con el estilo de Woody Allen, jugando con sutilezas que en realidad solo son aparentes y una abundante presencia de un lenguaje pasivo-agresivo. En la obligatoria visita anual a la burguesa casa de su madre, las dos hijas son incapaces de disfrutar el té con galletas, ante la rigidez, autoritarismo y postura juiciosa de la matriarca por el estilo de vida que llevan. Todo al servicio de una gigantesca Charlotte Rampling, una actriz cuya mirada irresistible mastica en silencio todo su alrededor, con tal desprecio y ausencia de espontaneidad que no deja otro camino que el de la risa.
Y en el tercer episodio, Sister Brother, con los actores Indya Moore y Luka Sabbat, regresamos a un tema central, recordando lo que es importante, y, sobre todo, dignificando una vez más a los padres y reafirmando la importancia de los lazos fraternales. En un París laberíntico, prima ahora más la atmósfera que la trama, donde la melancolía se convierte en protagonista y los diálogos son menos incisivos. Dada la ternura con la que los dos hermanos se aferran el uno al otro, tratando de reconstruir un sentido de pertenencia, nos sugiere que incluso cuando la familia se separa, algo permanece -un recuerdo, un gesto, una mirada- para mantenernos en pie.
La comedia de Jarmusch nos muestra lo loca que ha sido nuestra sociedad, reflejando con humor y de manera sutil, elegante pero evidente, un arrepentimiento y una pesadumbre por tiempos que ya pasaron, por lo que fuimos y ya no somos, en especial dentro de la familia. Father Mother Sister Brother es pequeña y muy simple en apariencia. Pero el viejo poeta rockero del indie estadounidense logra, como solo lo logra Hong Sang-soo, algo tan extremadamente complejo como relacionar a la audiencia de manera natural con la historia, en lugar de tratar activamente de hacerla reír. Un enfoque muy refrescante para la (trágico)comedia con un impresionante elenco que da vida a personajes extravagantes, quienes transitan por cada viñeta, por pinturas separadas de amor, pérdida y reconciliación que terminan siempre de manera abrupta, evocando la fugacidad de la existencia y premonizando una eterna repetición del vacío, del silencio. (Carlos Grau – ElAntepenúltimoMohicano.com)