Gloria tiene 58 años y está sola en la vida. Para compensar el vacío, llena sus días de actividades y por las noches busca el amor en el mundo de las fiestas para solteros adultos, donde solo consigue perderse en una serie de aventuras sin sentido. Esta frágil felicidad en la que vive se altera cuando conoce a Rodolfo, un hombre de 65 años, recientemente separado, que se obsesiona con ella.

Premio Cine en Construcción en el Festival de San Sebastián 2012
Mejor Actriz en el Festival de Cine de Berlín 2013
Mejor Película Iberomaericana en los Premios Ariel 2013
Mejor Película, Guión y Mejor Actriz en los Premios Platino 2014
  • IMDb Rating: 6,7
  • RottenTomatoes: 99%

Película 

 

El pequeño milagro de entregar una película que satisfaga a los diferentes tipos de espectadores que van a un festival (críticos, productores, público, programadores y varios etcéteras) se da muy pocas veces. Ese «milagro» lo logró hoy Gloria, la cuarta película de Sebastián Lelio, que dejó conformes a todos y obtuvo la mayor ovación que recuerde en una función de prensa en mucho tiempo. La historia se centra en una mujer (obviamente llamada Gloria) de unos 60 años que no parece perder nunca las ganas de vivir. Sale a bailar a fiestas de gente de su edad, se ocupa de atender a sus hijos y tiene un espíritu vital que envidiaría la mayor parte de la gente de 25. En uno de esos bailes conoce a un hombre mayor, recientemente separado, que la conquista con su afecto, carisma y comprensión. Pero la relación se complica ya que él tiene que lidiar con dos hijas y una ex esposa demandante, y con su imposibilidad de tomar ciertas distancias. Mientras lidia con su pareja, su molesto vecino y sus hijos, Gloria atraviesa distintos estados -y algunas crisis- que siempre parece llevar con enorme dignidad y resistencia.

Lo que Lelio logra en el film no es sencillo. Se trata de humanizar sin banalizar, de mostrar un concepto parecido a la «alegría de vivir» sin tornar el asunto en una tontería del tipo de las comedias picarescas inglesas sobre gente mayor o similares. Hay algo notable en la película -al menos en gran parte de ella- que es la descripción de una persona a la que podríamos definir como normal y a la que el director nunca humilla ni se pone por arriba ni resulta jamás condescendiente. Gloria llora con poemas malos, canta a voz en cuello temas melódicos hispanos tipo Camilo Sesto y puede ser de esas madres algo pesadas y pegajosas, pero jamás se la juzga, se la condena o se burla la película de ella. Al contrario, se pone siempre de su lado.

Con un notable trabajo de Paulina García (la pueden ver en Little Men, de Ira Sachs) en el rol central y de Sergio Hernández como el digno aunque atribulado pretendiente, la película alterna situaciones dramáticas y cómicas, sin jamás recargar las tintas hacia uno u otro lado. Sabemos que el personaje vivirá situaciones dramáticas pero hay tanto cariño puesto en ella que resulta difícil imaginar que algo terrible pudiera pasarle (de hecho, es un gran logro del film no llevarla a esas zonas). Gloria es una película que casi pide a gritos una remake norteamericana. Entre las apuestas con colegas sobre quién debería hacer el personaje principal yo me la juego por Meryl Streep, aunque no creo que se anime a los desnudos de Paulina aquí.

No es Gloria una película perfecta. Tiene algunas metáforas un poco obvias y sus intentos de combinar la situación personal de Gloria con la social que se vive en Chile, a través de una conversación en una cena o de las constantes marchas estudiantiles, son demasiado subrayadas. Es evidente que esa frescura y vitalidad que tiene Gloria es la que Lelio -y su guionista Gonzalo Maza- ven como «revolucionaria» en Chile, la que está cambiando la cara del país hacia una más positiva, y es lógica esa comparación. Tal vez no sea del todo necesario repetirlo varias veces.

Entre las escenas notables del film hay una cena de la familia extendida de Gloria, una visita a un parque de diversiones (y sus consecuencias) y una excelente versión en vivo de Aguas de Marzo, de Antonio Carlos Jobim, que tal vez no cumpla ninguna otra función narrativa que transmitir ese espíritu vital que tiene el personaje. En esa pequeña y aparentemente intrascendente escena de disfrute grupal está el corazón de esta sencilla, amable y encantadora película.