Basada en la novela de James Baldwin, If Beale Street Could Talk, la película sigue a Tish, una mujer de Harlem embarazada y recién prometida que lucha contrarreloj para demostrar la inocencia de su pareja que se encuentra en prisión.

Mejor Actriz de Reparto (Premios Oscar 2018)

Mejor Actriz de Reparto (Premios Globo de Oro 2018)

Top 10 Mejores Películas del Año (American Film Institute 2018)

Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz Secundaria (Premios Independent Spirit 2018)

Top 10 Mejores Películas del Año, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Guion Adaptado (National Board of Review 2018)

Mejor Película, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Banda Sonora (Críticos de Boston 2018)

Mejor Actriz Secundaria y Mejor Banda Sonora (Asociación de Críticos de Los Ángeles 2018)

  • IMDB Rating: 7,2
  • Rottentomatoes: 95%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

En Toronto había tantas expectativas como dudas ante el estreno de If Beale Street Could Talk, la primera película de Barry Jenkins después de ganar el Oscar con Moonlight y protagonizar, involuntariamente, el error más bochornoso en la historia de los premios de la Academia. La culpa era de los rumores de unos test screening negativos (en Hollywood existe la traición de hacer previos con espectadores medios para ver cómo va a funcionar una película y cuáles son sus puntos fuertes y sus debilidades) y la inesperada decisión de no estrenar su nuevo trabajo en primicia en el Festival de Telluride, certamen en el que el cineasta había ejercido de programador durante años antes de enseñar allí por primera vez y con enorme éxito el drama homosexual. Pero Jenkins no ha decepcionado y la adaptación al cine de uno de los textos más celebrados de James Baldwin, sujeto en 2016 del documental nominado al Oscar I Am Not Your Negro y uno de los autores que más y mejor han retratado la experiencia afroamericana, se ha convertido en uno de los mayores fenómenos vividos hasta ahora en la cita canadiense.

La premisa de If Beale Street Could Talk es muy sencilla: la vida de dos recién casados en el Harlem de los años 70 se ve puesta a prueba cuando él es acusado injustamente de violar a una chica. La familia de ella cierra filas y hace todo lo posible para que la pareja pueda reunirse antes del nacimiento de su primer hijo. Jenkins se mueve en el tiempo y el espacio para contar una historia de amor simple pero arrebatadora. El espectador es testigo de la evolución sentimental de Fonny y Trish (unos encantadores Stephan James y KiKi Layne, ésta en su primera interpretación para cine) mientras descubre pequeñas viñetas de la vida de sus familias dando forma, indirectamente, a un retrato de la vida de la comunidad afroamericana y de las injusticias sociales, legales y burocráticas que seguían sufriendo incluso después de los movimientos civiles de los sesenta. Todo el reparto rema a favor de obra, pero es Regina King (referente televisivo del último lustro gracias a American Crime, The Leftovers o Seven Seconds) la que emerge como firme candidata a representar a la película en las categorías interpretativas de los Oscar. Esa madre leal, capaz de echarte la bronca en un momento y partirse la cara por ti justo después, es uno de los arquetipos favoritos de la Academia y el trabajo de la actriz respira empatía y amor en cada una de sus apariciones.

La estrella de la función, no obstante, vuelve a ser Jenkins y su sensacional sensibilidad para narrar y filmar historias. If Beale Street Could Talk es una película de una belleza desbordante sobre gente buena a la que pasan cosas malas, pero nunca carga las tintas del drama. Incluso hay tiempo para impases cómicos, como el duelo que surge entre las familias políticas cuando se descubre que la pareja está embarazada. Moonlight era más compleja en forma y fondo. Aquí el director y guionista se libra de cierto artificio que desprendía aquella y la adaptación del clásico de Baldwin funciona como un poema emocional, musical y visual que va saltando en el tiempo al son de la deliciosa banda sonora de Nicholas Britell, que se consagra aquí como uno de los grandes nombres del futuro de la música para el cine norteamericano. El preciosismo se extiende a los coloridos trabajos en el vestuario y la fotografía del filme. Todos ellos contribuyen a crear una experiencia sensorial tan apabullante que el espectador deja la sala con una sensación contagiosa de infatuación a pesar del dolor y la melancolía que desprende la historia. No no están contando nada que no hayamos visto, pero la intención detrás de las cámaras es tan intensa y tan satisfactoria que eso acaba siendo lo de menos. Es el triunfo del cómo sobre el qué. Del amor sobre la injusticia. (Daniel Martínez Mantilla – fotogramas.es)