Indigènes sucede en el año 1943. Jamás han pisado suelo francés, pero ahora, por causa de la guerra, Saïd, Abdelkader, Messaoud y Yassir, cuatro argelinos musulmanes, se presentan voluntarios al ejército francés: van a alistarse para liberar a la madre patria del enemigo nazi: lo mismo que otros 130.000 «oriundos». Además de enfrentarse a los nazis, deberán sufrir la intolerancia y el racismo de sus compañeros, sus superiores y sus supuestos aliados. Olvidados por la Historia, estos héroes saldrán victoriosos en Italia, en Provenza y en los Vosgos antes de quedarse solos en la defensa de una aldea alsaciana frente a un batallón alemán…
Mejor Actor en el Festival de Cannes 2006
Mejor Guión Original en los Premios Cesar 2006
Top Películas Extranjeras del año 2006 para la National Board of Review (NBR)
- IMDb Rating: 7,0
- RottenTomatoes: 88%
Película / Subtítulos (Calidad 1080p)
¿Quién dijo que en Europa no puede producirse cine bélico de calidad? Es más, no sólo de calidad, sino también evitando algunos de los tópicos explotados hasta la saciedad por los tratamientos norteamericanos de este género (aunque no otros), con igual dosis de espectacularidad y, al menos con similar o, si nos fijamos en la mayor parte del género bélico, superior dosis de profundidad en cuanto al tratamiento de personajes y situaciones y de respeto a los acontecimientos históricos, políticos y sociales de una época. La comparación entre el género bélico europeo y norteamericano no es baladí. Sin ir más lejos, esta película franco-argelina (coproducida también con Bélgica y Marruecos), dirigida por Rachid Bouchareb y que fue candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2006 desparrama a los cuatro vientos cierto tufillo a lo Saving Private Ryan, tanto en la estructura como en la forma y el tratamiento de la narración.
Nos encontramos en el año 1943. Francia, tras el ridículo espantoso de su rendición de 1940 y gracias a los aliados y al marketing de Charles De Gaulle, se dispone, una vez que la tortilla (francesa, por supuesto) ha cambiado, a entregarse de plano a la lucha contra los nazis (con los cuales se habían entendido muy bien hasta entonces, incluso colaborando en la deportación de judíos franceses a campos de exterminio), para lo cual se acuerdan de los jóvenes de las colonias. Éstos, durante décadas olvidados en la marginación, el desempleo, el olvido y la esclavitud, dominados, colonizados e incluso en ocasiones maltratados y torturados, sin embargo son considerados hijos de Francia a todos los efectos si de hacer de carne de cañón se trata. La alternativa, el hambre, obliga a 130.000 voluntarios argelinos a enrolarse en el ejército francés y luchar por una madre patria que les margina y cuyo suelo no han pisado jamás y al que nunca hubieran sido invitados de no tratarse de utilizarlos como fuerza bruta prescindible. Ellos creen que los franceses, agradecidos, una vez terminada la guerra les darán la independencia y el estatus de ciudadanos de primera clase, pero antes se las tendrán que ver con la incomprensión, el racismo, el odio de los soldados blancos de la metrópoli y con su papel residual como soldados sacrificables a los que ofrecer como cebo o como carne prescindible en los combates más duros. Comandados por el sargento Martínez, un exiliado republicano (otro soldado considerado inferior para los mandos franceses por su procedencia española), cuatro de esos jóvenes argelinos, Saïd, Abdelkader, Messaoud y Yassir, tendrán que conquistar el respeto de mandos, compañeros y ciudadanos liberados vertiendo su propia sangre o perdiendo la vida a cambio de las dudosas promesas de burócratas y militares sobre su futuro, si es que sobreviven, para que luego sean las tropas de uniforme y botas limpios quienes acudan a las marchas y desfiles como liberadores y vencedores de los nazis.
Indigènes aborda varios episodios reales transcurridos en la Segunda Guerra Mundial en los que intervinieron las tropas coloniales llegadas de Argelia, tanto en el frente italiano como en los Vosgos, una carnicería que costó cientos de miles de vidas. La lucha constante contra los alemanes y también contra el menosprecio de sus compañeros y aliados no les impide luchar por orgullo, incluso lanzarse a una resistencia a la desesperada en una pequeña aldea alsaciana de importancia capital para el avance aliado, pese a saber, a darse cuenta, de que las promesas de los políticos jamás serán cumplidas hasta que ellos mismos, ya de vuelta en Argelia, vean en el terrorismo y en la guerra la forma de expulsar a los franceses que años atrás recurrieron a ellos como salvadores.
Además de magníficas y vibrantes escenas bélicas, Indigènes tiene un aire (o más bien un huracán) a la cinta de Spielberg antes citada, empezando por el título en inglés. Las escenas de combate se tratan de manera muy similar, la media hora final, con la batalla en un entorno urbano la recuerda bastante, y, sobre todo, el final de la película en el que uno de los supervivientes visita un cementerio militar muchas décadas más tarde, hacen que se trate más de una copia descarada que un homenaje o una coincidencia. Sin embargo, el tratamiento emotivo de los personajes, la forma de abordar sus relaciones o las suyas con los mandos, sus problemáticas personales y la forma de encadenar el ámbito personal con las circunstancias del conflicto bélico por un lado, y por otro con la relación entre Francia y sus colonias del norte de África y los sucesos que tuvieron lugar en décadas posteriores (para lo que buena parte de los diálogos sirven como frases premonitorias), hacen que la película, aunque repite algunos clichés manidos en el género (el soldado que enseña la foto de su chica y que, como no podía ser de otra manera, termina siendo abatido al siguiente combate), resulte más que interesante y emocionante para quienes no gustan generalmente de este tipo de cine, explosiones aparte, exceptuando quizá, la mayor carga de lo bélico, en ocasiones demasiado explícito, en la parte final de la cinta.
El cine francés vuelve a darnos una lección en cuanto a esfuerzo de producción, temática, cuidado y buen gusto. Pero Francia nos da también en este punto (que no en otros) una lección moral: la importancia de recuperar periodos y hechos olvidados de su propia historia. En este caso, la película recupera la memoria olvidada por la historia escrita por los vencedores (por los blancos, se entiende), por quienes le lamieron las botas a De Gaulle durante décadas por su espíritu de lucha y su sacrificio (eso sí, sin haber pisado un campo de batalla ni por equivocación), echando un velo sobre el vergonzoso colaboracionismo con los nazis, ocultando que muchos franceses de la metrópoli, de esos que luego se han subido al carro de los heroicos vencedores, asumieron los postulados nazis, que muchos combatieron con uniforme alemán en el ataque a la URSS o como últimos defensores de Berlín ante el empuje soviético, queriendo tapar con oropeles de victoria la mayor de sus vergüenzas, y recordar que Francia le debe lo que es (y no sólo por los hechos de 1943-1945) a cientos de miles, a millones de «hijos de sus colonias» que al igual que en 1943 fueron a salvarles el culo, mantienen hoy en día con su esfuerzo y su trabajo a Francia como uno de los países de referencia, sin recibir otra cosa que menosprecio por parte de los poderes públicos que los tratan como a basura cuando reivindican sus derechos. Francia tiene una deuda con sus colonias que va más allá de lo económico, que entra en el terreno de la justicia, de la moral, del deber cívico, del reconocimiento humano. Esta película, aun siendo insignificante y no pudiendo compensar jamás el deber de Francia de poner las cosas en su sitio, es un pequeño pero justo y sentido homenaje a aquellos acontecimientos y a quienes los protagonizaron. ¿Para cuándo una película española que rinda tributo a los olvidados de su historia?
Dedicado a todos los gañanes que se oponen a hacer justicia con nuestro pasado. ¿Será que temen que se sepa el suyo? (39Escalones.wordpress.com)