LA Confidential transcurre en los agitados años 50 en una ciudad revuelta y sacudida continuamente por escándalos que destapa la prensa sensacionalista, y donde todo el mundo busca fama, drogas, alcohol, sexo o dinero. Dos agentes de caracteres opuestos, en cambio, guían sus acciones por nobles sentimientos: Bud White se mete en todo tipo de líos, pero no soporta que maltraten a una mujer. Mientras, Ed Exley es un agente novato que quiere «limpiar» el cuerpo de la corrupción imparable que invade todo el escalafón policial, aunque le cueste el desprecio de sus compañeros. Cada uno tiene sus tareas y sus problemas, hasta que una noche aparecen varios muertos en un local nocturno.

Mejor Guión Adaptado y Mejor Actriz Secundaria en los Premios Oscars 1997
Mejor Actriz Secundaria en los Globo de Oro 1997
Mejor Director en el Festival de Toronto 1997
Mejor Película y Mejor Director 1997 para National Board of Review (NBR)

  • IMDb Rating: 8,3
  • RottemTomatoes: 99%

Película / Subtítulo (Calidad 1080p)

 

Domingo 16 de noviembre de 1997. Sesión matinal. Cine El Mirador. Sala 3. En cartel L.A. Confidential, una cinta que venía avalada por un clamor crítico casi unánime al otro lado del charco y que, por haber antepuesto la adaptación de Spawn de Todd MacFarlane, este redactor había dejado pasar el día de su estreno. Decir que, tras salir de la sala después de dos horas y veinte espectaculares, el cine de lo que quedó de año fue cuesta abajo y sin frenos, sería un desproporcionado eufemismo.

Veinte años después —la cinta se había estrenado en Estados Unidos el 19 de septiembre— es justo que celebremos tan señalada onomástica en el calendario cinematográfico como mandan los cánones, dedicándole hoy todo el espacio que merece, no sólo a la mejor cinta que firmó el desaparecido Curtis Hanson, sino a un título que de funcionar la Academia como debiera, tendría que haber acaparado las nueve estatuillas para las que fue nominada y no haberse conformado con las dos que se llevó a casa en la ceremonia número 70 de los Oscars.

Porque, seamos francos, Titanic pudo ser el taquillazo más inesperado de la historia y sus más de dos mil millones de recaudación mundial —que doblaron la recaudación que cuatro años antes había conseguido Spielberg con sus dinosaurios— colocarla en una posición que no sería superada hasta doce años después por Avatar; pero si dejamos números de lado y comparamos ambas producciones en lo que realmente importa, y nada hay más importante de partida que la historia y el guión, ahí la cinta de Hanson revienta la línea de flotación del titán marino de Cameron.

Pero claro, era muy fácil arrodillarse ante «el rey del mundo» y reconocer la incuestionable valía de la superproducción sobre el malogrado transatlántico —que una cosa no quita a la otra, cuidado, Titanic es un espectáculo que, al menos en lo visual, es fascinante— que, tragar saliva y aceptar que la mordaz crítica hacia el Hollywood de los años dorados que, en parte, hacía Hanson a la hora de adaptar la novela de James Ellroy, le daba sopa con hondas a lo telegrafiado y arquetípico de la historia hilvanada por el artífice de The Terminator.

No valen justificaciones como el que la Academia sí reconociera al libreto de Hanson y Brian Helgeland como el mejor de aquel lejano 1997, cuando por el camino se quedaron estatuillas tan obvias como las que hubieran merecido la portentosa fotografía de Dante Spinotti, la maravillosa labor de edición Peter Honess, la ajustada composición de Jerry Goldsmith —de la que hablaremos más abajo— o ese imperdonable «despiste» que fue no reconocer con una nominación a la tremenda interpretación de Russell Crowe.

De todas formas, ya sabemos cómo funciona el «negocio» de los Oscars y cómo estos han terminado en infinitas ocasiones en manos que lo merecían lo justo. Pero la historia y el transcurso de los años pone siempre a todo en su sitio, y si ya hace veinte comparar LA Confidential con cualquiera de los muchos estrenos que completaron 1997, dejaba claro cuál era la mejor cinta de aquellos doce meses, imaginad hacerlo ahora con la perspectiva que dan dos décadas.

Hanson, que había caído prendido de los personajes descritos por Ellroy en su novela antes de valorar lo que ésta ponía en juego desde un punto de vista argumental, contaba hasta entonces con una trayectoria jalonada, cuanto menos, por el claroscuro: en la luz —moderada, pero luz a fin de cuentas— su Bad Influences y la enérgica acción de River Wild; en las sombras, todo lo demás, ¿o es que alguien recuerda con añoranza The Hand that Rocks the Craddle?

Ruptura radical con todo lo que había filmado previamente, la elegancia extrema que Hanson detenta en LA Confidential se apoya, y de qué manera, en el largo proceso que había supuesto para él y para Brian Helgeland llegar a cerrar la adaptación del texto original de Ellroy; un texto que, en palabras del escritor, «(…) tenía ocho líneas argumentales que (Curtis y Brian) redujeron a tres, conservando la fuerza dramática de tres hombres resolviendo sus destinos».

En ese esfuerzo por comprimir la complejidad del texto del autor de The Black Dhalia, la pareja de guionistas reajustó personajes y se dejó algunos por el camino, siendo uno de los cambios más significativos el que en la novela no fuera Lynn Bracken —un papel que Kim Bassinger llegaría a rechazar tres veces antes de terminar aceptándolo— el motivo de enfrentamiento entre Bud White y Ed Exley, sino Inez Soto, la chica violada a la que daba vida María Padilla Sánchez.

Más ninguna variación sobre el material original es capaz de alterar una de las afirmaciones más categóricas que puede hacerse, ya acerca de éste, ya acerca de lo que Hanson y Helgeland consiguen imprimir en su libreto: y eso no es otra cosa que el que la pasión inequívoca que de ellos se desprende por uno de los géneros por excelencia del Hollywood clásico, un noir al que se rinde constante homenaje durante el metraje, provoca que, a la postre, éste alcance aquí una de sus cimas más indiscutibles.

Magistrales pruebas de ese nivel al que se asoma LA Confidential las tenemos por doquier en la ambigua forma en la que se definen todos los personajes; en esa difusa línea que separa los actos más nobles de las atrocidades más innobles; en la manera en la que Bassinger sirve de crisol para todas las femme fatale que la precedieron; en lo intrincado pero no complejo de esas tres tramas que se van superponiendo y que nunca permiten al espectador anticiparse a la acción y, qué duda cabe, en unos diálogos que no podrían haber encontrado mejores «enunciadores».

Y es que, si amplia es la destreza de Hanson para reconstruir la época y el lugar en la que se desarrolla la acción del filme —no se nos escaparon en su momento, ni se nos escapan hoy las muchas concomitancias que la cinta guarda para con ese otro grande del género que es Chinatown— mucho más grandiosa es la forma en la que, eligiendo con quirúrgica precisión a sus protagonistas, consigue extraer de ellos, de todos ellos, algunas de sus mejores interpretaciones.

Obvio en el caso de una Kim Bassinger que hace de su determinada fragilidad una cualidad que supera, y de qué forma, a la apabullante belleza que aquí luce, es en la terna formada por Crowe, Guy Pearce y Kevin Spacey donde LA Confidential nunca cesa en su capacidad para encontrar nuevos matices con los que sorprender a los que, como servidor, la han revisado ya en más ocasiones de las que pueden recordar.

Las sinergias que se crean entre los dos primeros o las que la cinta formula entre los dos segundos, aquellas que surgen cuando el guión hace colisionar la ruda masculinidad de Crowe con la feminidad inigualable de Bassinger —la única a la que Hanson consideró adecuada para el papel de Lynn—, o la muy distinta que LA Confidential nos presenta cuando la actriz cruza miradas y líneas de diálogo con Pearce hacen que extasiarse ante lo que la cinta propone sea un ejercicio de incuestionable facilidad.

Dicha impresión queda reforzada por unos secundarios modélicos que, encabezados por el inconmensurable James Cromwell y el cinismo que aporta Danny DeVito, encuentran en Ron Rifkin y, sobre todo, en David Strathairn —atención a la contundente y sutil soberbia que acompaña a las apariciones de Pierce Patchett— el complemento preciso a todos aquellos esfuerzos que el guión dedica a que el cuarteto principal nos cautive de forma indefectible desde esa atractiva ambiguedad a la que antes hacia referencia.

Música menos dada a gestos grandilocuentes que el score de James Horner para Titanic pero que terminó perdiendo, no ante la calidad intrínseca de éste, sino ante la deuda que la Academia había adquirido con el fallecido compositor al haberle negado la posibilidad de hacerse con el premio por esa maravilla que escribió dos años antes para Braveheart, el trabajo de Jerry Goldsmith para LA Confidential es todo un compendio del talento que el maestro llevaba acumulado durante sus cuatro décadas de profesión.

De hecho, es de las inagotables fuentes que conformaron su formación musical, de donde el legendario compositor bebe para arropar los pentagramas que completan la espléndida selección de temas de la época que Hanson hace para la mitad diegética de la banda sonora y, de la misma manera que no es complicado rastrear similitudes más o menos evidentes entre el filme de Hanson y el anteriormente citado de Polanski a nivel visual, menos aún es hacerlo cuando es el mismo músico el que se encargó de ambos puntales del género negro.

Con los metales y el piano como principales protagonistas, Goldsmith construyó para LA Confidential un score que supo como combinar tres de las vertientes fundamentales de su música: el músculo que siempre supo cultivar para todas aquellas producciones de acción a las que imprimió adrelanina —y que aquí encuentra acomodo en el enérgico arranque que es Bloody Christmas—; la impresionante manera en la que sabía generar melodías y esa desnaturalización de la orquesta que tan bien puede rastrearse, por ejemplo, en Planet of the Apes

Una composición mucho menos acomodaticia que la de Titanic —aunque, seamos francos, más o menos igual de autoreferencial que la de Horner— que éste hubo de haber sido el segundo Oscar de Goldsmith no es tan evidente como el que el maestro debió haber contado con muchos más reconocimientos por parte de la Academia ante una trayectoria jalonada por partituras que son iconos del arte de la composición para el cine. Un arte que Hanson ya había sabido aprovechar al máximo en Wild River —película que contaba también con un memorable trabajo por parte de Goldsmith— pero que aquí se acercaba de forma más íntima a la perfecta comprensión de las necesidades de un filme al que, si me lo permitís, tiempo ha que es necesario tildar de clásico.

Lo sé, sólo han transcurrido veinte años desde el estreno de LA Confidential y parece prematuro en extremo calificarla con tal epíteto, pero si todas las justificaciones previas no os valen para así honrar a tan enorme producción, quizás es que ya va tocando que la reviséis con otra mirada; una que se siente delante del televisor dispuesta a apreciar de principio a fin la inabarcable grandeza del que, y aquí no hay posibles dudas, es uno de los mejores títulos que nos dejó la década de los noventa. (Sergio Benítez – Espinof.com)