No Sudden Move transcurre en Detroit, en el año 1954. Unos delincuentes de poca monta son contratados para robar lo que creen que es un simple documento. Cuando su plan no sale como ellos esperaban, emprenden la búsqueda de quien los contrató y del propósito final.

  • IMDb Rating: 6,5
  • Rotten Tomatoes: 90%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Dentro de su prolífica y ecléctica carrera como director de cine y series de televisión, la película de criminales ha sido lo más parecido que Steven Soderbergh ha tenido a una rutina, una tradición, hasta un estilo. En medio de ejercicios de todo tipo (de época, de suspenso, dramas, comedias, films políticos y de ciencia ficción), los relatos de ladrones, los ejercicios de cine negro y las distintas versiones de tramas ligadas a engaños, estafas y trampas sobre trampas son casi su alimento imperecedero. No Sudden Move se incluye en el medio de esa tradición y marca el retorno del director de The Limey a esas películas elegantes, lujosas, refinadas y con grandes elencos que parecía haber dejado de hacer cuando, hace ya unos años, anunció un tanto engañosamente que se retiraba del cine.

Pegando un giro de 180 grados respecto a su última producción para la compañía –la comedia dramática Let Them Talk, con Meryl Streep, caracterizada por una fuerte impronta femenina y un estilo cinematográfico casual, casi improvisado–, el nuevo film que estrena HBO Max hoy lo mete de lleno en un universo masculino y en un prolijamente clásico formato narrativo. Es un film noir hecho y derecho, que transcurre en los años ’50 en Detroit, y que se centra en las peligrosas derivaciones de un robo que no sale como estaba planeado. O bueno, acaso sí.

Con puntos en común con Un Romance Peligroso –otro melodrama negro suyo que transcurría en Detroit– y con reminiscencias de las películas que recuperaron ese estilo en los años ’90, como El Demonio Vestido de Azul o la similarmente titulada Un Paso en Falso, ambas de Carl Franklin, además de LA Confidential o Miller’s Crossing –por citar algunas de las que apostaron por volver al crime film más desde el homenaje respetuoso que desde la ironía tarantinesca–, lo nuevo de Soderbergh empieza como una historia de tres ladronzuelos que no se conocen entre sí y que son contratados para cumplir con un trabajo aparentemente sencillo.

Don Cheadle encarna a Curt, un ex-presidiario al que un tal Mr. Jones (Brendan Fraser) contrata para un trabajo que debe hacer con otros dos sujetos. Uno de ellos es Russo (Benicio del Toro), que deja en claro que no le gusta nada trabajar con un afroamericano y el otro es Charley (Kieran Culkin, en la misma vibra nerviosa y parlanchina de Succession), que parece el menos preparado de los tres. El trío es contratado para entrar, enmascarado, a la casa de Matt, un ejecutivo de General Motors (David Harbour, de Stranger Things), tomar de rehén a su familia y forzarlo a robar unos papeles de su compañía y entregárselos a ellos.

Lo cierto es que los papeles que buscan no están ahí, Matt intenta una trampa, hay un llamado telefónico instando a liquidar violentamente el asunto allí y, en pleno pánico de la familia, suenan disparos y hay víctimas. Llega, claro, la policía –comandada por Jon Hamm–, Curt y Russo se fugan y empieza allí una mezcla de persecución y de investigación tanto para atrapar a los culpables como para saber en qué trampa los metieron a los un tanto torpes ladrones, que se creen más capaces de lo que son. No será nada sencillo ya que, fiel a los parámetros del cine negro, la trama se complica y mucho, pero de a poco va quedando en claro que lo que tenían que robar era algo bastante importante.

No Sudden Move va aclarando sus temas de a poco. Es evidente, por la ciudad en la que transcurre y las empresas relacionadas a este «espionaje de documentos», que tiene algo que ver con la industria automotriz, pero para Curt y Russo lo importante de allí en adelante es conseguir el dinero que le deben. O, si tienen algo de suerte, ir a por más. Mucho más. En una serie de idas y vueltas en las que aparecerán mafiosos (Ray Liotta, Bill Duke), poderosos empresarios (un muy famoso actor que no figura en los créditos), amantes que juegan a dos puntas (Julia Fox) y otros personajes del mundo de la ley y el hampa, la película se irá volviendo cada vez más una desesperada –y por momentos un tanto cómica– carrera por el dinero, por ese «sueño americano» que para algunos pocos es accesible con un chasquido de dedos y para otros implica poner en riesgo la vida y, de ser necesario, matar a algunos en el camino.

Quizás lo que le falte a No Sudden Move para ser una gran película sea una dosis mayor de compromiso emocional con los personajes. Entre trampas y más trampas, traiciones y más traiciones, da la impresión que al guión le falta cierta potencia por ese lado. Son personajes turbios y desesperados, en muchos casos, pero lo único que parece motivarlos es el dinero y la supervivencia. De todos modos, la película es bastante más que un ejercicio de estilo vacuo, ya que formalmente respeta y responde a los cánones del cine de la época sin hacer guiños estilísticos para audiencias modernas.

En su largo desenlace, cuando los puntos empiezan a traducirse un poco mejor, Soderbergh pone en primer plano –como en muchas de sus películas– un costado crítico respecto a las políticas y arreglos de las grandes corporaciones empresarias de los Estados Unidos, la manera en la que manejan dinero y poder a costa del sacrificio y el esfuerzo de «some poor shmucks» («unos pobres idiotas», digamos) y sus conexiones con otras instituciones. Que No Sudden Move sea el primer lanzamiento fuerte del conglomerado WarnerMedia a través de su promocionada plataforma HBO Max no deja de ser una de esas ironías que el propio realizador reconocería como propias de la industria en la que trabaja. Y se reiría, claro, mientras acredita el cheque en su cuenta bancaria. (Diego Lerer – micropsiacine.com)