En Snake Eyes, Ricky Santoro es un turbio agente de policía de Atlantic City que, en la noche en que se disputa el combate de boxeo por el campeonato del mundo de los pesos pesados, debe evitar junto a su amigo Kevin Dunne, comandante de la Marina, el asesinato del Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Pronto descubrirá una conspiración en la que está implicada una extraña mujer de traje blanco.

  • IMDb Rating: 6,0
  • Rotten Tomatoes: 41%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

“En los dados, cuando al tirar te sale un uno en cada dado, se le llama ojos de serpiente. Es la tirada perdedora, la más baja de la partida”. Rick Santoro era el rey del mundo en Atlantic City, un detective corrupto que disfrutaba de la gran vida. Todo hasta que un día decidió hacer lo correcto en el momento más inoportuno. Cogió los dados y decidió ir a por la partida. Pero la suerte no estaba de su parte y solo recibió Snake Eyes (Ojos de serpiente).

Snake Eyes surgió gracias al éxito de crítica y público que supuso ‘Misión Imposible’ (1996) para el director Brian De Palma y el guionista principal de aquella, David Koepp. La unión de ambos ya había resultado ganadora en 1993 con la épica cinta de gánsteres ‘Atrapado por su pasado’. Ambos se pusieron aquí manos a la obra para escribir su trilogía conjunta, que acabaría firmando Koepp en solitario como guionista con una aportación de De Palma en la historia.

Con Snake Eyes De Palma culmina, junto a David Koepp, lo que llamaremos su “trilogía de la traición” (las dos películas anteriormente citadas y esta). Una serie de films donde el poder de la corrupción humana, la mentira y el engaño hacen acto de presencia. Al mismo tiempo, gracias a la recaudación mundial, el film se puede considerar el último éxito (bastante raspado) de taquilla de su director y la colaboración que marcó (hasta la fecha) el final de su relación laboral con Koepp.

Una vez terminado el libreto, la Paramount adquirió sus derechos por la tremebunda cantidad de once millones de dólares. Esto, de entrada, llevó al film a ser presupuestado en más de 75 millones de $. La mayor parte del presupuesto se fue al bolsillo de Nicolas Cage (Rick Santoro), quién cobraría cerca de 25 millones por esta película. Por esos años, Cage se encontraba en la cima de su carrera y no pisaba un set de rodaje por menos de veinte kilos.

El film se rodó entre agosto y octubre de 1997 en Montreal (Canadá). Su estreno en cines fue el 7 de agosto de 1998, logrando un nº 2 en la primera semana de su lanzamiento. Sólo fue superada por ‘Salvar al soldado Ryan’ de Steven Spielberg. El recorrido comercial en salas de Snake Eyes fue de 103 millones de dólares en todo el mundo.

Los críticos, en el momento de su estreno, de nuevo cargaron duramente contra De Palma. La crítica consideraba ‘Ojos de serpiente’ un mero ejercicio de estilo, lo que vulgarmente llamaban “onanismo cinematográfico”. Este término se ha usado muchas veces para menospreciar la filmografía de su director, por sus claras preferencias hacia el aspecto visual y técnico de sus películas antes que al guión.

En relación a lo anterior, la mayor parte de la atención se la llevó el plano-secuencia que presenta a todos los personajes (algunos de ellos fuera de plano) y que luego será retomado (hasta en tres ocasiones) desde diferentes puntos de vista. Dicho plano secuencia no fue tal, tiene truco. Para conseguirlo tuvieron que rodarlo hasta seis veces y contiene tres cortes imposibles de identificar. Todo esto según afirmó el propio De Palma en el ensayo sobre su obra de Samuel Blumenfeld y Laurent Vachaud: ‘Brian De Palma por Brian De Palma’.

El trabajo de dirección de De Palma en esta cinta, al igual que el de Cage como actor, está puesto al servicio de la historia. Es decir, aunque podría existir una manera más clásica de filmar (y protagonizar) esta película, la manera en la que De Palma resuelve el misterio, y presenta los alicientes que motivarán el engaño, es lo que hacen que el film termine siendo visualmente apabullante, para lo bueno (sus fans, los amantes del cine negro tradicional) y para lo malo (sus detractores y los críticos).

La cinta, como todas las de su cineasta, si uno analiza fríamente tiene un aire entre Alfred Hitchcok y Orson Welles. De éste último toma claramente la imprescindible ‘Ciudadano Kane’ (1941) y, sobre todo, ‘Sed de mal’ (1958). Visualmente, De Palma visita todos los lugares comunes del cine negro para deconstruirlos a los ojos del protagonista. Un protagonista que aspira a presidir una ciudad (Atlantic City) incapaz de mantenerse en pie, una pústula de corrupción, al igual que nuestro “héroe”. Para la historia quedan sus minutos finales, desfigurado, andando casi sin poder mantenerse en pie y en busca de la verdad definitiva. Una verdad que, al mismo tiempo, amenaza con destruir su mundo levantado sobre un castillo de naipes.

Precisamente al “héroe” de la función lo interpreta un inmenso Nicolas Cage perfecto para el rol que le toca. Ojo a su vestuario y a sus ya archiconocidos arranques de sobreactuación, aquí puestos al servicio de la historia. A su lado encontramos a Gary Sinise, que también parece haber nacido para dar vida al Comandante Dunne, un tipo de aspecto impecable, y que creía tener la aprobación y admiración de Santoro en todo lo que hacía, hasta que se dio cuenta que no todo vale con tal de llegar alto.

Mucha importancia también para Carla Gugino, actriz por aquel entonces bastante desconocida para el gran público. En este film tiene a su cargo un papel bastante complicado, ya que debe cargar en sus hombros con el peso de ser el “mcguffin”. De Palma lo sabe y le da una caracterización brillante, vestida de blanco y con una peluca rubia, para que el espectador repare en ella al mismo tiempo que Santoro y Dunne. Esto la hace ser un personaje fácil de situar una vez que se intenta “camuflar” entre el público.

El resto de papeles de relevancia van para John Heard (Powell), Luis Guzman (Cyrus), Stan Shaw (Tyler) y Kevin Dunn (Logan). Destacar, sobre todo, a Stan Shaw en su rol de Tyler, el campeón y máximo favorito del evento. Un gesto suyo durante el combate hará despertar en Santoro todas las sospechas, además de hacerle perder mucho dinero de las apuestas.

Finalizo esta crítica de Snake Eyes, quizá el último gran ejercicio De Palma en lo más alto de Hollywood antes de ‘Misión a Marte’ (2000). Después de estas ya no volvería a trabajar para un gran estudio, buscando financiación extranjera o independiente para sus siguientes películas. Se nota en ella que De Palma todavía tenía mucho que decir, al mismo tiempo que seguía disfrutando al revisar su obra. Snake Eyes quedó para la posteridad como un placer culpable de su director que no engaña a nadie que conozca mínimamente su carrera. (J. Glez – cineycine.com)