The End of the Tour se centra en la historia de la entrevista de cinco días entre el reportero de la revista Rolling Stone David Lipsky y el aclamado novelista David Foster Wallace, que tuvo lugar justo después de que se publicara la novela épica y revolucionaria de Wallace en 1996: «La Broma Infinita».

  • IMDb rating: 7.4
  • RottenTomatoes: 91%

Película / Subtítulo

Realizador con una trayectoria, hasta el momento, corta pero suficientemente sólida dentro del cine independiente, James Ponsoldt continúa demostrando con The End of the Tour, su cuarto y notable trabajo, que lo suyo son las historias intimistas protagonizadas por personajes conflictivos e imperfectos.  Ponsoldt filma la que podría ser su película más arriesgada (al menos desde el punto de vista comercial) hasta la fecha, pese a contar con dos estrellas tan en alza como Jason Segel y Jesse Eisenberg como cabeza de cartel. La entrevista que unió durante cinco días al reportero de la revista Rolling Stone David Lipsky con el reputado novelista David Foster, en plena promoción de su emblemática obra literaria La Broma Infinita, considerada unánimemente por la crítica como una obra maestra arriesgada y genial —más de mil páginas repletas de cientos de notas al final de las mismas, tocando todo tipo de géneros — , es, ni más ni menos, la excusa argumental sobre la que sostiene este film.

El guion de Donald Margulies, consigue la difícil misión de hacer que la película sea sumamente entretenida pese a sostenerse en una continua sucesión de diálogos (la mayoría de los cuales en formato preguntas y respuestas) inteligentes e irónicos. La química entre Segel y Eisenberg, auténtica artífice de que The End of the Tour llegue a buen puerto, es brutal, consiguiendo que el espectador empatice con dos personajes que comienzan charlando sobre el proceso creativo de una obra, y terminan abriendo sus almas para mostrarnos cuán decepcionantes y vacías son, en el fondo, sus existencias. Ponsoldt lo ha vuelto a hacer. Consigue emocionar de forma sutil, sin necesidad de emplear trucos baratos para tocar la fibra sensible del espectador, intercalando alguna que otra sonrisa en un relato iniciático entre amable y melancólico que, finalmente, deja un poso de amargura en el espectador tras su visionado.