The Kid Stays in the Picture es un documental basado en la autobiografía (de mismo título) del famoso productor de la Paramount Robert Evans, controvertido personaje nacido en Nueva York en 1930 y productor entre otros títulos de «Chinatown» (1974), «Marathon Man» (1976), «The Cotton Club» (1984), «Jade» (1995) o «How to Lose a Guy in 10 Days» (2003). Éxito, escándalos, sexo, tragedia e infamia en un personal retrato de Hollywood en el que aparecen famosos del mundo del cine americano como Francis Ford Coppola, Roman Polanski, Mia Farrow o Dustin Hoffman.

  • IMDb Rating: 7,3
  • Rotten Tomatoes: 91%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Falleció Robert Evans y con él se fue una parte importante de la mejor época del cine estadounidense. Con ello me refiero al movimiento del Nuevo Hollywood que en los años setenta modificó la forma de ver cine a partir de la contracultura y las problemáticas sociales que afectaban a occidente. Una nueva camada de cineasta surgieron con estilos propios, auténticos y sugerentes en torno a nuevas historias, hechos y y personajes que estaban en las calles, en las instituciones públicas, en el gobierno, en la mafia, en la policía, en la sociedad civil y, sobre todo, en una juventud que buscaba en la pantalla identificar sus preocupaciones, ya sea través de las diferencias raciales, la Guerra de Vietnam, la sexualidad, la desconfianza, el ámbito laboral y el día a día.

Uno de los hombres que contribuyó de manera clave a este movimiento fue Robert Evans, joven empresario que en 1956 fue elegido para interpretar al otrora productor Irving Thalberg en el filme Man of a Thousand Faces junto a la leyenda James Cagney. Después vino la oportunidad de interpretar un nuevo rol, el de un torero en un proyecto de la 20Th Century Fox junto a Ava Gardner y Tyrone Power. Estos reconocidos actores no querían a Robert Evans en su película y se quejaron directamente con el productor del filme, el célebre Darryl F. Zanuck. Sin embargo, el magnate de Hollywood no aceptó la rabieta de los intérpretes y con megáfono en mano dijo en referencia a Evans: “The Kid Stays in the Picture”. Aquella frase le reveló a Robert Evans su verdadero destino, la de convertirse en un productor capaz de hacer y deshacer lo que se le viniera en mente.

Pasaron algunos años junto a situaciones que fueron posicionando a Robert Evans como uno de los productores más afamados, temidos, intrépidos y con más talento de Hollywood. La adquisición de Paramout Pictures por el conglomerado empresarial Gulf and Western era la oportunidad anhelada. El empresario Charlie Bluhdorn le encomendó a Evans liderar Paramout Pictures, estudio que en 1969 había perdido fama, popularidad y reconocimiento. El primer proyecto de Evans fue El Bebé de Rosemary de Roman Polanski, película que le permitió a Evans acercarse al tipo de historias modernas y distintas que buscaba tanto él como las nuevas audiencias. El documental The Kid Stays in the Picture de Nanette Burstein y Brett Morgen (basado en la autobiografía homónima de Robert Evans) profundiza en todos estos hechos. Lo anterior, junto a la voz de un Evans que se escucha elocuente y revelador en cada momento.

Sin embargo, el ascenso de Evans en el mundo del cine no fue fácil, ya que sus mecenas estaban preocupados por sus proyectos e ideas cinematográficas. Querían ganar dinero y rápido, pero Robert Evans sabía que primero tenía que asegurar la calidad a partir de películas que representaran un antes y después en la historia del cine estadounidense. En una movida magistral preparó un corto con la ayuda del director Mike Nichols (El Graduado) en donde relataba la nueva revolución cinematográfica de Paramout Pictures con filmes como Love Story y El Padrino. El carisma de Evans dio resultado al obtener la aprobación de los directicos de Gulf and Western. El resto fue historia y gracias al apoyo de hombres como Peter Bart, Evans impulsó proyectos fílmicos que hoy son referentes indiscutidos del cine. El libro Infamous Players de Peter Bart relata con detalle esta aventura, si bien el documental The Kid Stays in the Picture busca otra dirección, la del productor exitoso que terminó cayendo al mismísimo infierno.

Robert Evans, con una tonalidad en ocasiones muy emotiva, relata algunos de sus romances, su fébril amor por Ali MacGraw (Love Story), quien finalmente lo abandonó por Steve McQueen. También habla de la paternidad, del éxito de sus producciones, de sus diferencias con Francis Ford Coppola para la realización de El Padrino y de su visión sobre la vida. Evans se refiere a las oportunidades, al destino y, principalmente, analiza cómo funciona Hollywood a través de sus códigos, logros, faltas y omisiones.

Robert Evans brilló en los años 70, la gran década del cine estadounidense. Fue un motor, el impulsor de muchas carreras de cineastas porque era un hombre que amaba lo que hacía; adoraba el cine y sus historias. En este viaje también experimentó la autodestrucción, el abismo de las drogas y el ninguneo de sus propios colegas. Evans cometió errores como cualquier ser humano. Tuvo muchos defectos y virtudes, a la vez que lo despojaron miserablemente de lo que amaba. Los años 80 fueron su peor época, refugiándose en su pequeña mansión, lugar que antes fue el retiro de Greta Garbo. La caída fue tan fuerte hasta el punto que Evans fue olvidado en un manicomio. Sin embargo, a fines de la década exitista de los ochenta logró ver la luz, en parte gracias al apoyo incondicional de amigos como Jack Nicholson. Los años 90 representaron nuevas posibilidades y, en cierta forma, el perdón de Hollywood luego de haber sido tratado tan mal.

The Kid Stays in the Picture es un documental alucinante que se estrenó en 2002. La voz en off de Robert Evans suena fuerte, con la calidez de un hombre que lo vivió todo, para bien o para mal. Sin duda es uno de los retratos personales más profundos que he visto y escuchado en mi vida de cinéfilo, a la vez que es una importante lección sobre la construcción de sueños y la pérdida de estos. Robert Evans falleció hace pocos días y en la prensa hubo muchos homenajes. No obstante, creo que no fueron suficientes y en las generaciones de cinéfilos -pasados y nuevos- queda una importante responsabilidad que es conocer su historia, su vida, sus logros y fracasos. La vida de Robert Evans fue como cien vidas en casi 90 años de existencia. Es relevante que lo recordemos con cariño y, sobre todo, con mucha gratitud porque desde su rol de productor nos entregó experiencias cinematográficas inimaginables que seguramente nos acompañarán hasta el final de nuestros días.

¡Muchas gracias, querido Mr. Robert Evans! (Julio Bustamante – espectadorerrante.com)