En Une Fille Facile, Naima tiene 16 años y vive en Cannes. Mientras se da a sí misma el verano como plazo para elegir lo que quiere hacer con su vida, su prima Sofía, de 22 años y con un estilo de vida tan desenfadado como atrayente, viene a pasar las vacaciones con ella. Juntas vivirán un verano inolvidable.

  • IMDb Rating: 5,6
  • Rotten Tomatoes: 100%

Película / Subtítulos (Calidad 1080p)

 

Une Fille Facile es un film de verano, de vacaciones, fácilmente ubicable dentro del género conocido como «coming of age». Se centra en un par de meses en la vida de Naïma, una chica de 16 años que vive precisamente en Cannes y acaba de terminar su año escolar. Su familia trabaja en la cocina de un hotel de lujo cercano y ella pasa gran parte del tiempo con un amigo de la escuela. Hasta que llega su prima Sofia, una chica mayor que ella y de una muy producida belleza y actitud sensual. Es «la chica fácil» del título del nuevo film de la directora de Belle Epine.

Su nueva película se presenta como una comedia liviana, de situaciones, pero pronto se va complicando y volviendo algo más oscura. Sofía es muy seductora y directa con los hombres, no temiendo encararlos de una manera frontal mostrándose casi como una imitación a pura cirugía estética de un modelo de belleza tipo Brigitte Bardot. Naïma es casi lo opuesto. Más tímida, aniñada y para nada «provocativa», sigue a su prima cuando ella se enreda en una historia con un millonario brasileño dueño de un yate anclado en el puerto.

Une Fille Facile se centrará principalmente en las andanzas de las primas, el seductor Andrés (Nuno Lopes) y Philippe (Benoit Magimel), amigo y especie de asistente personal del brasileño. Pero más que nada su eje pasará por la mezcla de fascinación, envidia, celos e incomodidad que a Naïma le produce su prima, lo mismo que la vida dispendiosa de los personajes que va conociendo. Casi siempre en tono liviano y con algunos notables momentos cómicos, la película va cobrando oscuridad con el fin del verano y algunas experiencias un tanto más difíciles que les toca vivir.

Sin ser una gran película, se trata de una apuesta hacía un tipo de cine francés (una comedia melancólica de amores de verano, digamos) que no se veía demasiado últimamente en Cannes y que son parte de la educación sentimental y cinematográfica que siempre supo darnos este país, de Jean Renoir y Eric Rohmer, cuya La Coleccionista es una reconocida inspiración para este film, hasta hoy. Todavía más raro, claro, es verla en Netflix, que no se caracteriza por tener demasiado cine de autor francés. Quién sabe, quizás su ángulo «sexy» le haya servido para tener una buena distribución internacional. Lo cierto es que, más allá de eso, se trata de una muy buena adición al catálogo de la plataforma de streaming. (Diego Lerer – micropsiacine.com)

A los 40 años la realizadora y guionista francesa Rebecca Zlotowski exhibe una carrera envidiable. Tres de sus cuatro películas –Belle épine, Grand Central y la que ahora se comenta– seleccionadas en Cannes, la restante (Planetarium) en Venecia. Además fue el año pasado que la creadora, directora y escritora de la serie Les Sauvages, daba una vuelta de tuerca al tema de la fobia anti islamista en los países europeos. Su opus Nº 4, Une Fille Facile supone no solo un diálogo intertextual con el comienzo de La coleccionista (1967), de Eric Rohmer, sino también una variación de su opera prima, Belle épine (2010). Relato de iniciación femenina, como en aquel caso, aquí la formación no es la que el curso de la narración parece sugerir, sino una postrera.

Como Belle épine, las protagonistas de Une Fille Facile son una adolescente, aquí llamada Naïma (Mina Farid), y su prima, en este caso una joven más experimentada, Sofia (Zahia Dehar). “Es una lástima que siendo tan joven te hayas hecho tantas cirugías. Te afean”, le dice una mujer tal vez algo envidiosa (Clotilde Courau) a Sofia, cuya imagen parece construida a la medida del deseo masculino estándar. Cabello teñido de castaño claro, cejas delineadas, labios hinchados, expresión de esfinge y un cuerpo de afiche de taller mecánico, Sofia se presenta a sí misma como una mujer libre, a la que no importa el amor sino la aventura. Imantada por ese modelo, Naïma pasa junto a su prima unas vacaciones en los ambientes más exclusivos de Cannes, en pleno verano, cuando el deseo y el sexo parecen una invitación permanente.

En lugar del moralismo fácil, Zlotowski echa una mirada engañosa sobre ese paraíso de mar esmeralda y yates king-size. A primera vista, ese mundo parece ensalzado, embellecido, como servido en bandeja a quien tenga la Costa Azul como edén inalcanzable. Los caballeros son apuestos, gentiles, sofisticados y podridos en plata. Uno de ellos cita a Sócrates; el otro, que invierte en las más valiosas obras de arte, se dice anarquista, gracias a la libertad que da el dinero. Guarda en su yate un invaluable sextante del siglo XVII. El tono de las pieles bronceadas, brillosas de transpiración, se ve realzado por una fotografía de tonos dorados.

La clave es el punto de vista. Une Fille Facile no está narrada en tercera persona, sino –al menos en apariencia– en primera, tamizada por la mirada de Naïma. Recién terminado el secundario y sin tomar aún una decisión respecto a su futuro, la chica luce tensionada entre dos alternativas: la de su amigo Dodo (Lagdhar Dridi), que a diferencia de ella sabe que quiere ser actor, y la de Sofia, que hace poner un reloj de 35 mil euros en la cuenta de uno de sus amantes. Demasiado joven para elegir, Naïma acompaña a su botoxeada prima a discos, cenas y yates, aproximándose no sin timidez a un posible amante (Benoît Magimel) que podría ser su padre.

Pero no se trata de relato en primera persona sino de estilo indirecto libre. Aunque Zlotowski “cede la palabra” a su protagonista, el enunciado nunca deja de estar en sus manos. Así, ese mundo de boiseries barnizadas, a pleno sol (como la película homónima, versión francesa de El talentoso Mr. Ripley, de Patricia Highsmith) resulta remedar a uno de esos posters photoshopeados de agencias de viaje, lustroso hasta la náusea. Y lo que parecía ensoñado se revela como coto cerrado, la aparente beauté puro feísmo, del que más vale huir. (Horacio Bernades – pagina12.com.ar)