En L’Atelier, Antoine acude a un taller de escritura en el que un grupo de jóvenes ha sido seleccionado para escribir un thriller policiaco con la ayuda de Olivia, una famosa novelista. El proceso creativo hace hincapié en el pasado industrial del pueblo, un tipo de nostalgia que deja indiferente a Antoine. Más preocupado por los temores del mundo moderno, el joven pronto chocará con el grupo y con Olivia.

  • IMDb Rating: 6,8
  • RottenTomatoes: 87%

Película (La copia trae subs en español)

 

Tras la fallida experiencia con otros guionistas en Retour à Ithaque, el director francés Laurent Cantet volvió a trabajar con su anterior colaborador, Robin Campillo (que a su vez es el director de la reciente y multipremiada 120 Battlements par Minute), para un film que en su forma y en su esencia remite a Entre les Murs, película que le valió nada menos que la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2008.

Marina Foïs interpreta a Olivia, una novelista de prestigio que viaja a La Ciotat, pequeña ciudad ubicada entre Marsella y Toulon, para dar un taller literario en el marco de un programa de inserción social con la participación de siete jóvenes que representan y sintetizan la diversidad étnica y religiosa de la Francia actual.

El realizador de las notables Ressources Humaines y L’Emploi du Temps filma las discusiones con los mismos dispositivos que antes utilizara para registrar las charlas estudiantiles de Entre les Murs y el resultado es igual de valioso, ya que los muchachos y chicas van exponiendo sus contradicciones y frustraciones, sus incomodidades y rencores.

Durante la segunda mitad la película se concentra más en la relación entre la profesora y Antoine (Matthieu Lucci), un joven rebelde y provocador. La tensión sexual entre ambos y las cuestiones políticas que los rodean (hay por allí un grupo de extrema derecha) llevan la trama hacia nuevos rumbos (no siempre del todo convincentes), aunque L’Atelier jamás pierde su intensidad, su inteligencia ni su humanismo. El mejor Cantet, por suerte, está de regreso. (Diego Batlle – OtrosCines.com)

 

Quien pasó por un taller de escritura sabe que allí afloran, en los textos, en las discusiones, en sus lecturas, qué motiva a sus asistentes y también sus logros, egos y frustraciones. L’Atelier hace pie allí, para luego brincar, pegar el salto hacia lo que a Laurent Cantet le interesa más: cómo confronta y articula la sociedad, en particular la francesa.

Hay en la presentación un tono muy similar a la de Entre les Murs, la película por la que Cantet ganó la Palma de Oro en Cannes en 2008. Esto es, cómo en un ámbito de educación se aprenden otras cosas. Los que participan del atelier tienen edades disímiles y presentes también muy diferentes. Habitan La Ciotat, en el sur de Francia, y si el cierre de un astillero allá en los años ’80 dejó heridas en los habitantes, los jóvenes viven más en el aquí y ahora.

Y aquí y ahora, en Francia, conviven distintas culturas y realidades sociales y económicas. No sólo de raza y religión.

L’Atelier es un filme coral, hasta que Antoine (Matthieu Lucci), un chico que dice lo que piensa, comienza a despegarse. El habla con vehemencia, desconfía de los que vienen de otras tierras. Los actos terroristas están más que de telón de fondo, recortando la escena. ¿Es, tal vez, un ciudadano promedio?

De a poco va tomando más protagonismo, incluso que Olivia (Marina Foïs), la escritora que acepta el desafío de estar al frente del atelier. Ella comienza a (pre)ocuparse por Antoine, y la relación entre ambos gana también interés en el espectador, hasta que… Cantet volvió a trabajar con Robin Campillo (el director de 120 Battlements par Minute) en el guión, y es evidente que ambos no sólo se entienden de maravillas, sino que saben estructurar los diálogos, hacerlos creíbles, por más que haya o no improvisaciones en el set. L’Atelier es una película para oír, o leer el subtitulado: todo lo que se dice es material de discusión. (Pablo O. Scholz – Diario Clarín)