En Outrage, varios clanes yakuza se enfrentan en una lucha implacable por alcanzar el poder y la protección del Padrino. Durante muchos años, Otomo ha visto cómo progresaban sus colegas: de los tatuajes elaborados y las falanges seccionadas han pasado a las altas finanzas. Dentro de un mundo donde reinan la corrupción, la traición y la venganza, sus esfuerzos por llegar a la cima, o al menos sobrevivir, no tienen fin porque en ese mundo no existen los héroes.

  • IMDB Rating: 6,8
  • Rottentomatoes: 79%

Película / Subtítulos (Calidad 720p)

 

De entre los golpes de timón acometidos por los cineastas de nuestro tiempo, pocos pueden compararse con la inmolación autoral perpetrada por el japonés Takeshi Kitano en su audaz Trilogía de la Frustración Artística, formada por las magnífcas Takeshis’ (2005), Glory to the Filmmaker (2007) y Achilles and the Tortoise (2008). En conjunto, dichos flms (auténticos cócteles de autoparodia, surrealismo e iconoclasia) ponían sobre la mesa un suculento interrogante: ¿hacia dónde se encaminaría la obra de Kitano después de semejante harakiri fílmico? La respuesta la hallamos en Outrage, una obra embriagada de una creatividad fervorosa. A primera vista, podría parecer un simple retorno de Kitano al noir áspero de sus inicios, con sus guiños al crudo nihilismo de Kinji Fukasaku. Sin embargo, hay algo que hace de Outrage algo nuevo en la obra del director, como si la senda de abstracción recorrida en su reciente trilogía le hubiese liberado de toda deuda con la ortodoxia formal o la psicología del relato. Así, juguetea con el humor negro y la violencia más súbita e hiperbólica, al tiempo que estira y comprime a placer el tempo de la acción en busca del más puro goce plástico, a la manera del gran Seijun Suzuki. (Manuel Yañez Murillo – fotogramas.es)

Después de su trilogía, metalingüística, revisionista y desmitificadora de su propio trabajo como cineasta y cómico, Kitano vuelve al terreno que mayor éxito internacional le ha reportado. Desde el León de Venecia a Hanna-bi (1997), él es uno de los máximos responsables (el otro sería Takashi Miike) de que las yakuzas-eigas vuelvan a copar el interés, después del declive que sufrió el subgénero a finales de los años 70. Huelga decir, que Kitano es uno de los nombres capitales para que el mundo, en los años 90, volviese a girar la cabeza para ver lo que se cocía de nuevo en la cinematografía nipona. Y su recuperación, no podía ser de otra forma, es desde el punto de vista de la farsa con gesto serio. Todo lo que nos cuenta está explicado con mucha ceremonia, pero es recorrida de cabo a rabo por un constante tono paródico y subterráneo (el cual emerge como un volcán precisamente en las explosiones gráficas de violencia). Es una de las grandes virtudes. Ese hieratismo aparente y ese presunto respeto a la comunidad que se representa esconde en realidad una constante sorna a los hábitos, actitudes y rituales de la organización criminal. Kitano en ello no se corta un pelo, con una trama culebronesca para las intrigas entre los diferentes capos, irrisoria hasta el paroxismo, que no hace más que ridiculizarlos constantemente. De nuevo la muerte (totalmente desvalorizada) está insertada con la misma irracionalidad de sus anteriores films sobre el tema, como si fuese un elemento más del juego que se traen entre manos los criminales japoneses. Outrage es como si un cachondo se hubiese puesto a reelaborar Election (2005) de Johnnie To. Un festín para los fieles de Kitano y para todos los amantes del cine criminal en clave caricaturesca. (Manu Argüelles – elespectadorimaginario.com)