Retrato íntimo de una mujer, Hannah, que se tambalea entre la realidad y el rechazo tras quedarse sola después de que su marido sea encarcelado.

Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia 2017

  • IMDb Rating: 6,0
  • RottenTomatoes: 90%

Película / Subtítulos (Calidad 720p)

 

Los modos de narración del italiano Andrea Pallaoro en los primeros minutos, casi media hora, de Hannah son implacables. Elipsis en las partes del relato supuestamente más interesantes, eliminación casi total de los diálogos, y visualización minuciosa de los aparentes tiempos muertos: trayectos en metro o en coche, comidas en silencio, chapuzones en una piscina pública, desganados deseos de buenas noches en una pareja de ancianos, en la cama, con el sonido burocrático de la obligación, del que ya nada tiene que decirse. Modos implacables, y también rigurosos, exactos, excitantes, en una película de complicada digestión pero de frutos maduros, jugosos y trascendentes.

Hay alguien en la cárcel. Al principio no se sabe bien quién ni por qué. Y hasta el minuto 25 no llega la primera pista del guion, sutil pero definitiva en la narración, porque a partir de ese instante se abre un panorama nuevo y terrible, descorazonador e implacable, por irresoluble. Sin banda sonora musical, con planos muy hermosos pero nada grandilocuentes, y con la espectacular guía del rostro felizmente marchito de Charlotte Rampling, naturalísimo, tan bello como siempre, tan distinto del de su juventud, tan el mismo, la película de Pallaoro es una muestra más del género en el que se ha convertido la actriz británica, premio a la mejor interpretación en el Festival de Venecia de 2017, durante la última fase de su carrera: un retrato más de la dramática fuerza de una mujer en lucha con una sociedad que la ningunea, la desprecia o la rechaza.

Como no lo hace Hannah hasta bien tarde, nos guardaremos de ofrecer indicios de hacia dónde se dirige el relato de Pallaoro, también coguionista, pero digamos que tiene mucho que ver con temas candentes, con el papel que juega la mujer en una sociedad que acaba juzgando tanto o más que los profesionales de la judicatura, y en cómo se encaran desde el núcleo familiar las contaminantes desgracias y malevolencias de cualquiera de sus miembros. El retrato atroz de lo fuertes y largos que pueden ser los tentáculos de un monstruo llamado sospecha. (Javier Ocaña – ElPais.com)