En Spotlight, un equipo de reporteros de investigación del Boston Globe destapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudió a la Iglesia Católica como institución.

Mejor Película y Mejor Guión Original Premios Oscar 2015
Mejor Guión Original en los Premios BAFTA 2015
  • IMDb rating: 8.3
  • RottenTomatoes: 96%

Película / Subtítulo (Calidad 1080p)

 

Spotlight narra la historia real de la investigación ganadora del premio Pulitzer llevada a cabo por el Boston Globe que sacudió la ciudad y causó una enorme crisis en una de las instituciones más antiguas y seguidas del mundo. Cuando el tenaz equipo de reporteros de la sección Spotlight ahonda en los alegatos de abuso dentro de la Iglesia Católica, descubren en su investigación el encubrimiento llevado a cabo durante décadas por parte de las altas esferas de organizaciones religiosas, legales y gubernamentales de Boston, desatando una ola de revelaciones alrededor del mundo.

Basado en un hecho real. Eso es su mejor guion. Tras el visionado de la película nos preguntamos: ¿cómo es posible que pudiera suceder una cosa así? Lo malo de todo esto es que hoy mismo sigue fallando algo en nuestra sociedad. Se siguen dando casos de abusos en colegios, religiosos o no, a la vuelta de las esquinas de nuestras casas. Solo hace falta abrir el periódico para darnos cuenta de que un pederasta ha estado, cerca de 35 años, abusando, presuntamente, de niños. Entregamos los corderos a nuestros lobos.

Tom McCarthy nos cuenta las peripecias de un grupo de periodistas en la investigación de los abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia Católica en la diócesis de Boston así como los tejemanejes del cardenal Bernard Law para proteger a esos curas pederastas. Este grupo pertenecía a la sección Spotlight del The Boston Globe. Los hechos en sí, el abuso a menores por parte de sacerdotes, son deleznables, pero también se descubre que se venían produciendo durante décadas y con el beneplácito de las altas esferas clericales que o bien sepultaban la denuncia o bien trasladaban al cura pedófilo a otra parroquia lejana.

La acción transcurre a comienzos del 2001 en un momento crucial en el mundo del periodismo. Las ediciones online empezaban a tener un peso muy importante y surgen cabeceras digitales. Los periódicos empiezan a perder lectores e ingresos publicitarios. The Boston Globe sufre su particular crisis. Para relanzar el diario, llega un nuevo director, Martin Baron (Liev Schreiber) que propone a Spotlight el seguimiento de un antiguo caso, acontecido en los años 70, en el que John J. Geoghan, un cura de Boston, ciudad ultracatólica, abusó de innumerables menores. El equipo lo forman el propio jefe de la sección, Walter V. Robinson (Michael Keaton) y los periodistas Mike Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian d’Arcy James). En la investigación contarán con una pieza clave: el abogado de las víctimas, Mitchell Garabedian (Stanley Tucci).

Siguiendo los pasos de los investigadores, el espectador irá descubriendo toda la información por medio de entrevistas a las víctimas, recortes de prensa, buceando en los archivos. Es decir, nos cuenta y muestra sin entrar a valorar. De esta manera irán encajando las piezas, todo ello con un aspecto neutro, aséptico e imparcial fruto de la investigación de los hechos, el mejor baluarte de Spotlight. No hay deseos de venganza o persecución a la Iglesia católica por ser tal, sino por ser una institución podrida, así se lo recuerda el director del periódico Martin Baron a sus redactores: «no os centréis en los curas, en los individuos, vayamos a por la institución, hay que apuntar contra los males del sistema». Hay una clara denuncia y un cuestionamiento del porqué sucedieron estos abusos a menores, del que no se salva ni la propia organización periodística que o bien por desidia o bien por olvido no trató el tema en su momento y se dejó pasar. ¿Por qué no lo investigó entonces? El director ahí deja la duda para que sea el propio espectador el que trate de contestar a ese interrogante que planea durante buena parte del metraje.

El planteamiento y estilo está a caballo entre la película de denuncia social como fue Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000) y el filme que participa del thriller como es Argo (Ben Affleck, 2012), pero mirando de reojo a la película El Club (Pablo Larraín, 2015) quien también ha puesto el dedo en la llaga de los abusos por parte del clero, con otro enfoque distinto. Es una película que nos habla de periodismo en su aspecto más romántico; del amor hacia una profesión que ha tenido (y tiene) que adaptarse a las nuevas tecnologías y a nuevos modelos de financiación. Pero también nos habla de la libertad de expresión; del periodista casi como un empleado de un servicio público ante los casos de corrupción; del papel de la Iglesia Católica; de la fractura de la sociedad a partir de los hechos del 11-S; de la fragilidad de las clases desfavorecidas y de abogados y la burocracia que rodea a la justicia.

El reparto es uno de los mejores activos de Spotlight. La interpretación no abusa de la dramatización. Por encima de todos destacan los papeles sobrios que interpretan Mark Ruffalo y Liev Schreiber. El primero de ellos es el que está más desarrollado. Su papel es de una implicación que le lleva a la ruptura entre la línea que divide lo privado y lo profesional. Para él no hay vida más allá de la profesión. Quiere desvelar todo y que paguen los culpables. Sin embargo, Liev Schreiber es lo contrario. También tiene una mayor implicación pero es mucho menos visceral, es más racional, más pausado y que con un gran saber estar dirige, con corrección, hacia dónde tienen que encaminar sus pesquisas para «encerrar» a toda una institución.

Otra de sus mejores bazas es la manera de contarnos la historia. Incuso en los momentos más escabrosos como puedan ser las entrevistas a las víctimas, no hay escenas en las que se vea una violación, un tocamiento. Nada. No hay nada de eso. Incluso las palabras no se muestran violentas como sucedería con la citada El club. Pero sin dejar de mostrar una realidad brutal de unos hechos con la aquiescencia de la Iglesia católica, y de buena parte de la sociedad con algunos de sus más relevantes estamentos como es la judicatura. No hay que olvidar que Massachussetts es el estado de los Estados Unidos que cuenta con más católicos.

Hay una imagen que bien pudiera resumir el punto de vista con que el director nos cuenta la historia. Y es cuando el periodista Mike Rezendes en una de sus visitas al abogado que defiende a las víctimas de abusos, ve en la sala de espera a dos pequeños, dos inocentes críos. Con apenas unas miradas sabemos por qué están ahí. Sabemos que por mucho que se empeñe en su investigación el periodista, sigue habiendo más víctimas. Y eso te hierve la sangre y te revuelve el estómago a partes iguales. Y no han mostrado nada. Solo por el contexto lo sabemos. Genial forma de aludir a un hecho sin mostrarlo.

La dirección corre a cargo de Tom McCarthy (Win Win, 2011, The Visitor, 2007) autor también del guion (junto con Josh Singer –un reputadísimo guionista con trabajos en el cine y el TV en los que destaca la serie El ala oeste de la Casa Blanca o Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales-). McCarthy se muestra conciso y efectivo ofreciéndonos un producto inteligente, planteado de una forma sencilla en el que la historia avanza de forma cronológica desde que se hacen cargo de la investigación hasta la publicación del reportaje en 2002. El director se suma así a esos colegas que nos han dejado como legado grandes obras de «cine periodístico» como son Alan J. Pakula (All the President’s Men, 1976) o, más recientemente, George Clooney (Good Nights and Good Luck, 2005).

Spotlight llega en un momento crítico en el mundo periodístico. Cada vez se venden menos periódicos; hay multitud de recursos, formatos y plataformas donde se vierten constantemente noticias y la profesión de periodista está seriamente amenazada. Spotlight genera interés, nos hará reflexionar sobre la importancia de la libertad en los medios de comunicación muy por encima de los espurios intereses económicos. Nos hará tener fe en la investigación periodística caiga quien caiga y que el que la hace la tiene que pagar y que no vale esconderse bajo las sotanas o bajo el aforamiento. Eso lo cuenta muy bien Spotlight, de forma amena, a lo largo de más de dos horas, constituyendo un pequeño tributo tanto a todos aquellos que han sufrido el abuso de las personas en las que habían depositado su confianza y a todos aquellos que con su trabajo, el periodismo, han denunciado estos hechos. The Boston Globe reveló que una serie de sacerdotes (cerca de 90) abusaron de menores. A raíz de la publicación de estos hechos, en 2002, se denunciaron desmanes parecidos en muchas más ciudades, demasiadas. ¿Qué hubiera pasado si los periodistas de Spotlight no hubieran hecho bien su trabajo? Vayan al cine y… ¡compren periódicos! (LuiJo – RevistaAtticus.es)